
La tortura de los pactos: ¿Pero Trump es peor?
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“Dichoso aquel (que)…”, se leía en el Beatus Ille de Horacio. Tiempos de felicidad absoluta, en los que Felipe González o José María Aznar, incluso Zapatero o Rajoy disfrutaban de la hermosa paz del bipartidismo. A lo más, unas cuantas cesiones a Pujol o Arzallus. Aznar llegó a decir que hablaba catalán en la intimidad para ganarse el alma catalanista, y Arzallus contó que “he conseguido más en 14 días con Aznar que en 13 años con Felipe González”.
La vida de los presidentes hoy: un sinvivir
Hoy la vida de los presidentes de gobierno es un sinvivir. Alberto Núñez Feijóo, un hombre de firmes convicciones, tiene que ocupar semanas en discutir con Vox para gobernar una comunidad pequeña como Extremadura. Y Aragón, claro. Esto es solo un aperitivo, porque lo bueno vendrá cuando, a lo peor, las nubes de la tragedia permitan al PP gobernar España sumando escaños. ¡Qué no pedirá entonces Santiago Abascal!
Pedro Sánchez, por su parte, suda tinta no ya para convencer a los socios de investidura, sino para poner de acuerdo a sus ministros del PSOE con sus ministros de Sumar. Seguro que Sánchez sonreirá para sus adentros cuando vea los sufrimientos de Feijóo para hacer pactos de gobierno.
La izquierda y sus juegos
Sánchez, además, tiene que lidiar con unos grupos a su izquierda que parecen muy divertidos en jugar en el recreo. Está bien la descarga de Rufián, que hay que dinamitar ese tonto patio de colegio y llamar al orden a los niñatos. Actúan como tiernos infantes, agarrando su juguete para que no lo usen los demás niños.
Pero parece que hay algunos elementos para frenar el tonto ejercicio de los pollos sin cabeza, pero con siglas. Discuten acalorados si Yolanda Díaz es la gran lideresa o bien un jarrón chino al que estrellar contra el empedrado. Tampoco hay que confiar mucho, que todavía no han salido de abrumarnos con frases, tan rimbombantes como huecas.
A Rufián, al menos se le entiende: o presentamos un frente amplio para añadir al PSOE, sea cual sea la fórmula elegida, o los fascistas nos barren.
La política española y la ultraderecha
Aquí, en España, las cosas van como van, que si Ábalos y Koldo, que si las miserables acusaciones del PP. Felipe González, qué hastío, insultarnos ahora con una ridícula comparación entre Vox y Bildu. Entra el gran hombre en la miserable trampa urdida por la derecha política y mediática: blanquear a Vox, un partido democrático, decente y perfectamente constitucional.
Desde Okdiario a The Objective, se busca lavar, fregar, esterilizar a Vox, ese gran partido que nos ofrece ríos de leche y miel. ¿Ultraderecha? ¿Qué es eso?, preguntan.
El peligro exterior: Donald Trump
Pero aún es peor lo que nos llega de fuera, muy expresamente de Estados Unidos y su infinita capacidad de amedrentar y corromper todo lo que se pone al paso de Donald Trump. Se nos había medio olvidado Gaza, y ahora vuelve Cisjordania que ante la pasividad internacional, el asesino Netanyahu anda suelto con la ametralladora en la mano.
¿Sería posible que Europa tuviera las agallas suficientes para frenar este nuevo escándalo? Desgraciadamente, no esperamos mucho, que ni siquiera ante la decisión terrorista de Trump de revertir todas las medidas ambientales para frenar el calentamiento global, nadie ha sido capaz de enfrentarse al nuevo y feroz Washington.
En este campo de la política internacional, no nos debería costar demasiado reconocer que Pedro Sánchez lleva jugando muchos meses un papel de notable dignidad. Siempre puede exigirse más, por supuesto. Hagámoslo, está bien, pero en el resto de Europa hay lo que hay.
Mark Fortier, en Volverse facha (una terapia de conversión), recuerda unas palabras de Víctor Klemperer en sus Diarios de 1933 a 1941: “Nos lo tomamos todo como si fuera una pantomima, no nos tomamos nada en serio, y nos quedaremos de piedra el día que este teatro se convierta en una sangrienta realidad”.
Esto es, aquel teatro ya se ha convertido en una sangrienta realidad. Acertó Klemperer.
Adenda
Dentro y fuera. Dentro: la Comunidad de Madrid quiere que el Círculo de Bellas Artes haga exclusivamente los proyectos que a ellos les gusten. Y fuera: hay que ser indigente intelectual para desde España, refugio de millones de latinoamericanos, premiar ahora, precisamente ahora al Estados Unidos de Donald Trump.
Dejemos de lado, si es posible, lo que representa de alineación con la ultraderecha más brutal esta última aparición estelar de Isabel Díaz Ayuso a Trump de Mar-o-Lago. ¿A qué viene semejante salida de pata de banco? ¿Por qué insultar precisamente a ese gran país, más de 130 millones de habitantes? ¿Qué busca la indocumentada?
Quizá, pronto, nos enteraremos de quién es la mente privilegiada -persona o grupo- que sugiere -u ordena, quién sabe- a Díaz Ayuso que inicie estas estúpidas batallas culturales contra la izquierda. Nos vamos a divertir.













