
El modelo ‘top’ de la marca del rombo suma 300 CV de potencia, tracción y dirección en las cuatro ruedas y autonomía en modo eléctrico de 100 kilómetros
Como otros fabricantes franceses, Renault ha gustado en el pasado de oponer a las marcas premium alemanas sus propias alternativas para los segmentos superiores del mercado. Si en su momento propuso un Renault 25 o un adelantado a su tiempo como el Avantime, ahora toca hacerlo en el formato SUV que impone la moda actual y en una configuración que se adentra en territorio electrificado.
La marca del rombo, de todos modos, ha aprendido la lección de anteriores reveses comerciales y en este caso no ha lanzado un vehículo atómico y en cierta medida ajeno a su gama, sino un modelo -el Rafale- que se antoja la culminación lógica de su catálogo actual en términos de elegancia y refinamiento, más grande y chic que un Austral y menos espacioso y funcional que un Espace (que puede contar con siete asientos) por sus concesiones al diseño y la deportividad.
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La caída del techo en su tramo final es el elemento de diseño clave del modelo francés.
Probamos en su día la versión híbrida completa de 200 caballos del Rafale, que combina un motor de gasolina de tres cilindros y dos eléctricos, de 25 y 50 kW, alimentados por una pequeña batería de 2 kW. Ahora hemos podido conducir el tope de gama de este modelo -y de Renault en su conjunto-, una variante híbrida enchufable que se denomina comercialmente Hyper Hybrid E-Tech 4×4, donde el propulsor de gasolina rinde 150 CV, en lugar de 131, y se agrega un tercer motor eléctrico de 100 kW en el eje trasero, además de una batería mayor, de 22 kW.
El coche dispone en este caso de 300 caballos de potencia, así como de tracción a las cuatro ruedas gracias a ese motor posterior extra. Además, la batería le permite recorrer 100 kilómetros en modo eléctrico y le da acceso al distintivo 0 emisiones de la DGT, tan codiciado por los conductores de núcleos urbanos de cierta envergadura.
El dispositivo se recarga totalmente en menos de tres horas en un punto de corriente alterna de 7,4 kW.
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Puesto de conducción del Rafale en su versión más lujosa.
Por supuesto, el Rafale superhíbrido es un vehículo rápido, capaz alcanzar los 100 km/h desde parado en 6,4 segundos y de pasar de 80 a 120 km/h en alrededor de 4. Son prestaciones completamente acordes a su look exterior de cupé con su característica caída del techo en la parte final de la carrocería.
El aire deportivo lo subrayan las llantas de 21 pulgadas y, en la unidad de pruebas, una atractiva pintura en tono gris mate.
Al volante, la sensación de dinamismo que ofrece el Rafale debe tanto a la mucha potencia disponible como a un equipamiento que marca la diferencia, el sistema de cuatro ruedas directrices 4Control, que se suma aquí a la tracción total y es de serie en los dos acabados que conforman la gama: Esprit Alpine y Atelier Alpine. Este dispositivo otorga un diámetro de giro entre bordillos de solo 10,4 metros, algo sobresaliente para un coche de 4,71 m de largo y que aporta gran agilidad en el tráfico urbano.
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El maletero del Rafale enchufable ofrece 465 litros de capacidad.
Antes de salir a carretera, nos permitimos aconsejar que el conducir regule el grado de giro de las ruedas traseras para evitar sustos por no saber interpretar de forma adecuada el nerviosismo del eje posterior. La escala de dicho giro difiere según el modo de conducción seleccionado, de modo que es menos acusado en el programa Eco que en el Confort y, sobre todo, que en el Sport.
Refinamiento interior
Con respecto a la versión de 200 CV, esta pierde algo de capacidad en el maletero -465 en lugar de 532 litros-, básicamente por la pérdida del doble fondo y por un umbral de carga unos centímetros más alto. Hay que añadir además que existe cierto escalón entre éste último y la superficie del compartimento propiamente dicha.
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Plazas traseras del Renault Rafale Hyper Hybrid E-Tech 4×4.
En contrapartida, el Rafale 4×4 de 300 CV aporta un nivel de sofisticación del que dan buena cuenta detalles como la moqueta azul -en el acabado Atelier Alpine- que recubre el piso o los asientos deportivos donde la A de Alpine se ilumina en el color que se haya escogido para la luz ambiental del habitáculo. Como opción (1.530 euros) se ofrece el techo panorámico Solarbay, equipado con oscurecimiento configurable por segmentos y según el gusto del usuario, quien puede optar entre utilizar un botón o dar una orden de voz por medio del asistente de Google embarcado en el coche.
Entre los aspectos que oscurecen ligeramente la impresión que transmite un modelo de claras aspiraciones premium, debemos mencionar la ausencia de iluminación dentro de la guantera y cierto descuido en el remate de elementos poco visibles en un primer momento, como las piezas que cubren los huecos laterales en el maletero.
Para regular el uso que se hace de la batería, el Rafale lleva, junto al muy característico soporte que sirve para desplazar el apoyabrazos delantero, un selector con el que podemos elegir entre propulsión híbrida y 100% eléctrica o bien la función E-Save, gracias a la cual se reserva energía para una utilización posterior.
De este modo, el usuario que no puede recargar a diario tiene la posibilidad de jugar con el empleo del motor de combustión y de la batería en función del tipo de recorrido que haga.
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Mención del acabado Atelier Alpine en las aletas delanteras.
Hablando de la impulsión del vehículo, seguramente incorporar un motor tricilíndrico, que no suelen distinguirse ni por la finura de funcionamiento ni por un sonido embriagador, resta algún punto a las pretensiones premium del Rafale. Tampoco nos ha parecido una mecánica especialmente parca en consumo cuando la carga de la batería se agota (o decidimos conservarla para más tarde).
El coche gasta en carretera alrededor de 7 litros/100 km en estas condiciones, con una media ligeramente mayor si combinamos estos trayectos con otros por ciudad y alrededores. Sumando la autonomía que proporciona la batería de 22 kW con la de los 55 litros que caben en el depósito de combustible, pueden hacerse poco más de 600 kilómetros.
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Parrilla con trazos azules de la versión Atelier Alpine.
Como decíamos, este Rafale top se vende en dos versiones.
La más accesible, Esprit Alpine, cuesta 48.900 euros y la más equipada y lujosa, Atelier Alpine, sube a 53.270. Al igual que sucedía en su día con el Renault 25, el Safrane, el Vel Satos o el Avantime, la cuestión es ver -y el mercado lo dirá- cuántas personas se inclinan por comprar el lujo servido por una marca generalista y cuántas prefieren el valor (supuestamente) seguro de un modelo con aros o una estrella en el frontal.
Por ejemplo, un Audi Q5 Sportback e-hybrid quattro, que es lo más parecido que se nos ocurre al Rafale Super Hybrid, tiene la misma potencia, autonomía eléctrica y sistema de tracción a las cuatro ruedas, pero su precio parte de 70.570 euros. Carece de dirección en las ruedas traseras y de mucho del equipamiento que sí ofrece el modelo francés (o bien es opcional), razón que no será suficiente para disuadir a las legiones de compradores que, como demuestran las cifras de ventas, siguen siendo fieles a esta y otras marcas premium.













