
Mata Hari: De cortesana a espía ejecutada, un mito del siglo XX
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Margaretha Geertruida Zelle, inmortalizada como Mata Hari, la “espía fatal”, tuvo un final trágico e inesperado. Su vida, marcada por el glamour y el misterio, culminó con su fusilamiento por los franceses, acusada de espiar para Alemania.
Una vida marcada por la adversidad
Nacida en 1876 en Leeuwarden, Países Bajos, Margaretha provenía de una familia acomodada. Sin embargo, su aspiración de ser maestra se truncó abruptamente tras un incidente en la escuela donde estudiaba.
A los 18 años, buscando un cambio radical, respondió a un anuncio matrimonial de Rudolf MacLeod, un capitán del ejército holandés veinte años mayor. Se casaron en 1895 y se trasladaron a Java, donde su matrimonio se convirtió en una pesadilla.
La relación se deterioró rápidamente, marcada por el alcoholismo y el maltrato de Rudolf. La pareja tuvo dos hijos, pero el varón falleció a los dos años. En 1902, regresaron a Europa y se divorciaron, con Margaretha perdiendo la custodia de su hija.
El nacimiento de Mata Hari
Ante la necesidad de sobrevivir, Margaretha creó a Mata Hari, que en malayo significa “ojo del día”. En París, comenzó a trabajar en un circo, destacando por sus bailes eróticos que la llevaron a actuar en fiestas privadas.
Sus presentaciones, donde a menudo se desnudaba, le valieron la atención de ricos empresarios y militares influyentes. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, su fama y sus conexiones la pusieron en el punto de mira de los gobiernos.
Acusación y ejecución
Georges Ladoux, jefe del servicio de inteligencia francés, la acusó de ser agente doble y la arrestó. Condenada a muerte, fue fusilada. Historiadores sugieren que su papel como espía fue exagerado y que fue utilizada como chivo expiatorio.













