
NUEVO TITULO: "El barquer": Un drama del Ulster revisitado con maestría en Barcelona
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Julio Manrique regresa a la obra de Jez Butterworth con “El barquer” (“The Ferryman”), seis años después de dirigir “Jerusalem”. Esta ambiciosa producción, de tres horas y media de duración y con un elenco de diecinueve intérpretes, ha sido aclamada con numerosos premios, incluyendo el Evening Standard, el Círculo de Críticos de Teatro, el Laurence Olivier y cuatro premios Tony.
Ambientada en el condado de Armagh en 1981, “El barquer” sumerge al espectador en el conflicto del Ulster, evocando la travesía de Caronte por la laguna Estigia.
La trama se desarrolla durante el “Día de la Cosecha”, mientras Quinn Carney y su esposa Mary celebran con su numerosa familia. Sin embargo, la atmósfera festiva se ve ensombrecida por la ausencia de Seamus, el marido de Caitlin, “desaparecido” diez años atrás.
La repentina aparición de su cadáver, víctima de un disparo en la cabeza, desentierra un pasado doloroso que la familia Carney había intentado anestesiar.
El hallazgo coincide con la huelga de hambre de diez presos del IRA, liderados por Bobby Sands, quienes exigían ser reconocidos como prisioneros de guerra por Margaret Thatcher. Este contexto político y social intensifica el conflicto familiar, reviviendo heridas y secretos largamente guardados.
Un conflicto familiar en el corazón del Ulster
Manrique dirige con precisión a los personajes marcados por la tragedia, en una obra que recuerda la mejor tradición de Arthur Miller.
El cacique que oculta las circunstancias del asesinato de Seamus, el sacerdote que modera la información, la tensa relación entre Quinn y Mary, perturbada por la presencia de la atractiva Caitlin, la sed de venganza de la tía Pat y el arrogante Shane, y la memoria latente encarnada por el tío Pat y la tía Maggie, son algunos de los elementos que configuran este complejo drama.
La escenografía como reflejo del alma
La escenografía de Lluc Castells logra fusionar el realismo de la vida rural con la evocación de espíritus ancestrales. La casa de los Carney se convierte en un espacio donde conviven el pasado y el presente, lo tangible y lo intangible.
La tía Maggie, con sus silencios elocuentes, anuncia la inminente irrupción de la violencia.
Veinticuatro horas después de la celebración, Caronte, el barquero, espera a la familia Carney, un reflejo de las consecuencias devastadoras de la guerra del Ulster. Manrique ha sabido plasmar con maestría en el escenario esta trágica travesía.












