Crece la preocupación por el impacto de la tecnología en la salud mental infantil y adolescente

Crece la preocupación por el impacto de la tecnología en la salud mental infantil y adolescente
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Crece la preocupación por el impacto de la tecnología en la salud mental infantil y adolescente

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El Hospital Valdecilla ha puesto en marcha la primera edición de un curso destinado a analizar en profundidad cómo las nuevas tecnologías están afectando la salud mental de niños y adolescentes. Esta iniciativa responde a la creciente inquietud manifestada tanto por familias como por profesionales ante el tiempo excesivo que los menores pasan frente a las pantallas y sus posibles consecuencias en el sueño, la autoestima y las relaciones sociales.

Formación para la prevención y el uso saludable de la tecnología

La doctora Beatriz Payá, jefa de sección del área de psiquiatría infantil del hospital, explica que el objetivo principal del curso es capacitar a profesionales de diversas disciplinas para prevenir los riesgos asociados al uso de la tecnología y promover un uso saludable de la misma.

Las consecuencias de un mundo digital en rápida evolución

Según Payá, la necesidad de este curso se basa en que “es ahora cuando empezamos a ver las consecuencias” de un mundo digital que avanza a gran velocidad. La especialista advierte que un porcentaje significativo de jóvenes ya presenta un “uso problemático” de las nuevas tecnologías, lo que puede derivar en adicciones, alteraciones del sueño, problemas de conducta y un empeoramiento general de los trastornos de salud mental.

El papel crucial de profesionales, padres y educadores

La doctora Payá subraya la importancia de que profesionales, padres y educadores estén debidamente formados, ya que son “agentes importantísimos de prevención” en este ámbito.

Tecnología: beneficios y riesgos

La tecnología no es inherentemente negativa. Un “buen uso” puede tener “efectos positivos” en el desarrollo de funciones como la cognición espacial, además de contribuir a la autonomía y el bienestar emocional del niño.

Sin embargo, el abuso es el problema. “Cuando abusamos o los usamos mal, esto puede tener un efecto a nivel cerebral negativo y también puede afectar al neurodesarrollo”, afirma Payá. Es en ese momento, “cuando el uso ya produce un daño claro, cuando hablamos de las adicciones digitales”.

La adolescencia: una etapa de especial vulnerabilidad

Payá señala que la adolescencia es una etapa de especial vulnerabilidad. El cerebro del niño y el adolescente tiene muy activo el circuito de recompensa, que busca el placer, pero la corteza cerebral, que actúa como freno, “todavía no se ha desarrollado de manera suficiente”.

Este desequilibrio fisiológico provoca que, incluso sin un trastorno mental previo, los jóvenes tengan “mucha más probabilidad de desarrollar adicciones”, lo que hace fundamental el control sobre el uso de estos dispositivos.

Cifras preocupantes

Las cifras actuales reflejan esta realidad: “Sabemos que uno de cada cuatro jóvenes hace un uso problemático en Internet”, apunta la psiquiatra. Los profesionales de la salud mental constatan que un alto porcentaje de pacientes tiene una comorbilidad con las adicciones digitales, en una relación bidireccional: los problemas de salud mental aumentan la vulnerabilidad al abuso de pantallas y este abuso, a su vez, empeora los trastornos mentales.

Señales de alerta para las familias

Para las familias, la señal de alerta principal es la aparición de “conductas repetitivas con una pérdida de control”, donde el menor empieza a abandonar otras actividades para centrarse en los videojuegos o las redes sociales.

El daño como factor determinante

La doctora Payá insiste en que el factor determinante es el perjuicio que genera el uso de la tecnología: “El componente importante es el daño. Sin daño, no hay adicción”, recalca. Pese a ello, admite que el concepto de las adicciones digitales “está muy verde” y que aún no existe un consenso claro sobre los límites entre uso y abuso, un tema que será debatido en profundidad durante el congreso.