
El Asombroso Fenómeno de Dehnel: Cómo Algunos Animales Reducen su Cerebro en Invierno
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El desafío de sobrevivir al invierno es especialmente arduo para los animales pequeños. El intenso frío exige un gasto energético enorme solo para mantenerse activos, y cada gramo de peso extra se convierte en una carga. Sin embargo, algunas especies han desarrollado una estrategia sorprendente: en lugar de hibernar o migrar, ajustan su propia anatomía, reduciendo el tamaño de ciertos órganos para minimizar el consumo de recursos.
Un Estudio Revelador: El Cerebro Adulto Sí Puede Cambiar
Un estudio publicado en la revista *Molecular Biology and Evolution*, liderado por la Universidad de Stony Brook y con la colaboración de instituciones europeas, ha demostrado que algunos mamíferos modifican físicamente el tamaño de su cerebro y cráneo para sobrevivir a los meses más fríos del año. La investigación detalla cómo estos animales activan procesos biológicos que reducen el volumen cerebral en invierno y lo recuperan en primavera. Este cambio, según el estudio, no deja secuelas estructurales y forma parte de un ciclo natural. Este descubrimiento desafía la idea tradicional de que el cerebro adulto apenas cambia de tamaño.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron la actividad genética en tejidos clave para el control energético, con especial atención al hipotálamo. Identificaron grupos de genes cuya expresión varía según la estación, genes que intervienen en la regulación del balance energético y en la señalización del calcio, procesos cruciales para ajustar el consumo de energía en condiciones extremas.
Además, identificaron mecanismos que protegen la barrera hematoencefálica, encargada de filtrar las moléculas que acceden al cerebro, y sistemas vinculados al control del agua en el tejido nervioso. Esta combinación de ajustes explica cómo se produce la pérdida reversible de tamaño sin daño permanente.
Ahorro Energético: La Clave de la Supervivencia
La ventaja más evidente de esta reducción de tamaño es el ahorro energético. Un cerebro más pequeño requiere menos recursos, lo cual es determinante para los mamíferos con metabolismo elevado cuando el alimento escasea y el frío es intenso. Mantener un órgano grande en estas circunstancias supone un gasto que puede comprometer la supervivencia, haciendo que la reducción invernal sea una estrategia eficaz. Esta adaptación permite a los animales permanecer activos, en contraste con la hibernación o la migración.
El Fenómeno de Dehnel: Un Ejemplo en la Musaraña Común
Este fenómeno se conoce como Dehnel, y se ha observado en pequeños mamíferos como la musaraña común, capaz de disminuir hasta un 30% el tamaño de su cerebro, cráneo y otros órganos durante el invierno. Estudios anteriores ya habían registrado reducciones de masa corporal de entre un 18 y un 20% en meses fríos, junto con cambios apreciables en la anatomía craneal.
En las musarañas de los Montes Apalaches, tanto el cuerpo como la caja craneal se encogen en invierno y recuperan su tamaño en primavera. Investigaciones comparativas han mostrado que el proceso no se limita a estas especies, ya que también aparece en topos europeos y en mustélidos como las comadrejas, ampliando su alcance evolutivo a otros mamíferos con alto metabolismo.
Implicaciones Médicas: Un Futuro Prometedor
Las implicaciones de este descubrimiento van más allá de la biología de estos animales. Aurora Ruiz-Herrera, investigadora del IBB-UAB e ICREA Academia, destaca que este trabajo ofrece una visión integrada, evolutiva y molecular del fenómeno de Dehnel. La identificación de mecanismos relacionados con la regulación energética en el cerebro abre nuevas preguntas sobre la plasticidad tisular en mamíferos y su potencial aplicación biomédica.
Ruiz-Herrera señala que el papel de genes relacionados con la homeostasis energética y la barrera hematoencefálica apunta a posibles biomarcadores y dianas terapéuticas para enfermedades neurodegenerativas, aunque advierte sobre la necesidad de prudencia al extrapolar estos hallazgos a humanos.
Estas observaciones conectan la adaptación estacional con posibles líneas de estudio en neurología y metabolismo, demostrando que el volumen cerebral puede ajustarse y recuperarse sin deterioro funcional, abriendo nuevas vías para la investigación y el tratamiento de enfermedades neurológicas.













