
NUEVO TITULO: Fontanero por vocación: Dejar un empleo estable para seguir la tradición familiar
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José Navarro, de 39 años, optó por un cambio radical en su vida profesional: renunció a un puesto estable como vendedor con buen sueldo y coche de empresa para convertirse en fontanero autónomo. Heredó el oficio y la clientela de su padre, Vicente, quien se jubiló recientemente.
La decisión de José se materializó tras 14 años en una empresa de alquiler de vehículos. La pandemia de COVID-19 actuó como catalizador, impulsándolo a reconsiderar su futuro y retomar la fontanería, un oficio que conoce desde su infancia. A pesar de disfrutar de una situación laboral confortable, ya no se sentía realizado y tomó la determinación de cambiar, aunque inicialmente su familia, incluida su esposa, se mostró en contra debido al riesgo que implicaba.
“Yo llego a casa y mi mujer llorando y yo feliz”, recuerda José sobre el día en que le notificaron el despido que él mismo había provocado.
Tenía claro su nuevo rumbo: obtuvo la certificación profesional y comenzó a trabajar junto a su padre hasta su jubilación, para finalmente establecerse como autónomo hace poco más de dos años.
José defiende su elección con convicción, aunque reconoce que no necesariamente gana más dinero que en su anterior empleo. “Si a mí me ofrecieran hoy un trabajo asalariado y me pagaran 4.000 € al mes, no me iría”, afirma, explicando que valora más “la libertad de si hoy tengo que trabajar hasta las 9 trabajo o si este viernes me lo puedo coger libre”.
Una tradición familiar
El camino de José sigue los pasos de su padre, Vicente Navarro, un fontanero que se jubiló a los 66 años tras 51 años de dedicación al oficio. Vicente comenzó a trabajar a los 14 años, en una época en la que las instalaciones se realizaban con plomo y hierro, un trabajo mucho más exigente físicamente.
Vicente recuerda la dureza de aquellos años, en los que se podía completar una vivienda al día utilizando hierro. Pasó por varias empresas y no dudaba en cambiar si las condiciones no le satisfacían, hasta que la crisis le obligó a hacerse autónomo en sus últimos diez años de carrera.
José aprendió el oficio en casa, aunque su fuerte carácter, similar al de su padre, a veces generaba conflictos.
“Quería saber más de lo que sabía”, admite Vicente. A pesar de ello, José siempre quiso aprender de su padre, consciente de que “mejor que mi padre, que era de los más viejos, no me iba a enseñar nadie”.
Evolución del sector
Padre e hijo han sido testigos de la gran transformación del sector, desde los materiales como el cobre o el multicapa hasta las herramientas. Sin embargo, este cambio no siempre es bien recibido por todos. José lamenta las críticas que recibe en redes sociales por parte de “gente mayor que alardean de sus 50 años de fontanero y están tan cerrados de mente que no abren la mente a nuevas formas de trabajar”.
A pesar de los desafíos, José se encuentra “súper contento” con su decisión.
Su pasión por el oficio es tal que su hijo de cinco años ya juega a imitarle y manifiesta su deseo de ser fontanero cuando sea mayor, asegurando así la continuidad de la saga Navarro.













