
Síndrome de Piernas Inquietas: Causas, Síntomas y Tratamientos
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El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico sensoriomotor crónico que afecta a los nervios, tanto a los que transmiten sensaciones como a los que hacen que se muevan los músculos.
Quienes lo padecen experimentan una urgencia irresistible de mover las extremidades, generalmente las piernas, acompañada de sensaciones desagradables y profundas, difíciles de explicar. Estas sensaciones se describen a veces como pesadez, irritación o incluso dolor, y solo se alivian moviendo las piernas.
La neuróloga Laura Lillo destaca que es una enfermedad muy prevalente pero poco valorada, a pesar de que muchas personas lo pasan realmente mal. No solo afecta al sueño, sino que también limita actividades como ir al cine, al teatro o viajar en avión.
Según la doctora Anna Sansalvador Millet, especialista en sueño, los síntomas suelen aparecer por la tarde o durante la noche, dificultando conciliar o mantener el sueño. Además, muchos pacientes presentan movimientos periódicos de las piernas durante el sueño, lo que interrumpe el descanso y causa insomnio.
El Síndrome de Piernas Inquietas en el Cerebro
Los síntomas siguen un patrón circadiano, siendo leves por la mañana y aumentando al final del día y durante la noche, especialmente en periodos de reposo. El alivio se encuentra al moverse, caminar, estirar o frotarse las piernas.
Aunque la causa exacta no se comprende completamente, los datos apuntan al sistema dopaminérgico del sistema nervioso central. La dopamina es un neurotransmisor clave para la función motora. Se cree que una mala absorción del hierro en las neuronas, que actúa como cofactor para la producción de dopamina, puede desencadenar los síntomas.
La doctora Lillo explica que el traspaso de la sangre al cerebro a través de la barrera hematoencefálica puede estar alterado, impidiendo que el hierro llegue al sistema nervioso central.
Tratamientos Actuales
El tratamiento habitual con agonistas dopaminérgicos, fármacos que aumentan los niveles de dopamina, ha sido la base durante décadas. Sin embargo, se ha descubierto que este tratamiento puede empeorar la enfermedad a largo plazo.
Actualmente, se utilizan gabapentinoides como gabapentina o pregabalina, antiepilépticos que han demostrado ser eficaces y seguros para el síndrome de piernas inquietas.
Qué Hacer Frente al Síndrome de Piernas Inquietas
El diagnóstico del SPI no es sencillo y requiere descartar otras enfermedades o dolencias. No existe una prueba única, por lo que se basa en una entrevista clínica detallada, la historia médica y familiar del paciente, y un examen físico.
Se distinguen dos tipos principales: el SPI primario o idiopático, con un fuerte componente genético, y el SPI secundario, que aparece como consecuencia de otra enfermedad o tratamiento.
Entre las posibles asociaciones se encuentran la deficiencia de hierro, común en embarazadas, enfermedades renales, neuropatías y medicamentos como antidepresivos, antihistamínicos y antipsicóticos.
La suplementación con hierro es un punto de partida, pero a veces se requieren intervenciones clínicas como el hierro intravenoso. Además, es importante considerar la interacción de otros medicamentos habituales que afectan al circuito de la dopamina.
Las Piernas Inquietas y el Sueño
El síndrome de piernas inquietas afecta a un porcentaje significativo de la población mundial y es más frecuente en mujeres y personas mayores. La principal consecuencia es la dificultad para dormir, ya que la necesidad de mover las piernas impide conciliar el sueño.
La doctora Sansalvador explica que los pacientes suelen presentar síntomas como dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos y sueño no reparador, que a menudo se atribuyen a ansiedad o estrés, complicando el diagnóstico y retrasando el tratamiento.
Además del tratamiento farmacológico, los especialistas recomiendan abordar factores del estilo de vida que pueden agravarlo. Esto incluye una buena higiene del sueño, evitar estimulantes, realizar ejercicio regular, evitar la inmovilidad prolongada y optimizar comorbilidades como insuficiencia renal o apnea obstructiva del sueño.
La dificultad para explicar los síntomas del SPI dificulta su reconocimiento como una verdadera enfermedad. Sin embargo, existen tratamientos eficaces que pueden mejorar la calidad de vida y el sueño de quienes lo padecen. Un análisis de sangre y la entrevista clínica permitirán al especialista dar un diagnóstico y recetar los fármacos adecuados.













