¿Por qué un ataque militar contra Irán todavía es posible?

¿Por qué un ataque militar contra Irán todavía es posible?
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

¿Por qué un ataque militar contra Irán todavía es posible?

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Oriente Medio se encuentra en una fase de intensas negociaciones con Irán en el centro de la atención. Este escenario no era el esperado, especialmente después de que la administración Trump ampliara sus demandas sobre la República Islámica y tras el aumento de la retórica de los halcones intervencionistas tras la campaña en Venezuela.

Estados Unidos ha adoptado demandas de Israel que son fundamentales para su influencia y hegemonía regional. El recuerdo de la Guerra de los Doce Días de junio de 2025 resuena con fuerza, pero el contexto de las nuevas tensiones ha cambiado.

Es crucial analizar los intereses detrás de cada movimiento diplomático, ya que hay muchas capitales involucradas en la región, aunque no todas sean visibles públicamente. A pesar de esto, un ataque militar podría ser inminente. Si bien algunos aspectos operativos podrían modificarse, la principal esperanza para Teherán reside en lograr un acuerdo con Washington que sea lo suficientemente importante para Trump como para superar los intereses de Israel.

Algunas figuras relevantes han intentado convencer a Trump de que no lleve a cabo el ataque, pero Tel Aviv podría no ser persuadida.

La guerra que se esperaba en enero

Tras las reuniones entre Benjamin Netanyahu y Donald Trump en diciembre pasado, se delineó la estrategia israelí para 2026. El ultimátum sobre Líbano y la intención de Israel de desarmar por la fuerza a Hamás, Hezbolá y los hutíes yemeníes chocaban con la necesidad de Estados Unidos de promover acuerdos de paz.

Con el inicio del nuevo año, expiraban los plazos impuestos por Tel Aviv al gobierno libanés. Sin embargo, las protestas en Irán cambiaron los cálculos. Se consideró la posibilidad de debilitar al régimen iraní a través de un cambio de gobierno. En Israel, se cree ampliamente que, sin Irán, sus aliados regionales caerían más fácilmente.

Aunque Donald Trump, alentado por el éxito del “secuestro” de Nicolás Maduro, prometió represalias contra Teherán por la represión de las protestas, finalmente se retractó en el último momento antes de lanzar un ataque. Las ejecuciones que denunciaba en enero desaparecieron repentinamente de su discurso y no volvieron a mencionarse.

Las negociaciones dieron señales positivas en Omán y en Ginebra, pero es difícil que la situación termine en buen puerto

El pretexto era político, pero el subtexto era técnico. Se percibió que Irán respondería con más fuerza que en 2025, lo que provocó la evacuación de bases militares estadounidenses en países árabes de la región. Las capitales del Golfo Pérsico advirtieron a Teherán que no permitirían a Washington usar su espacio aéreo para atacarles, buscando evitar represalias.

Además, Israel necesitaba más apoyo si temía quedarse solo tras el inicio de un intercambio de misiles con Irán. Por ello, Estados Unidos anunció el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln desde el este de Asia hacia las costas de Irán, buscando aumentar el poder disuasorio con esta fuerza de ataque y la acumulación de material bélico en Europa y Oriente Medio.

Sin embargo, el objetivo principal no era disuadir o contener una potencial amenaza iraní, sino imponer las condiciones deseadas por Israel. Con la coerción como arma, Estados Unidos instó a Irán a ceder, pero Irán sorprendió al negarse.

La diplomacia abre la última ventana de paz

No había certeza de que la negociación fuera genuina ni de que existiera una intención real de alcanzar un acuerdo. En 2025, ya se había visto cómo Israel y Estados Unidos asesinaron a negociadores de Hamás e Irán, respectivamente.

La administración Trump no está interesada en una guerra prolongada, como se evidencia en su modus operandi reciente y su apuesta por operaciones quirúrgicas. En Irán, no se vislumbran objetivos inmediatos, excepto el llamado de Trump a renovar las protestas y atacar las instituciones iraníes. En este caso, un objetivo evidente sería el asesinato de figuras clave de cuerpos como la fuerza Basij o la Guardia Revolucionaria.

Un ataque contra Irán debería enfocarse en los objetivos políticos de la amenaza estadounidense. El año pasado, Trump afirmó haber destruido el programa nuclear iraní tras sus ataques en Natanz, Fordow e Isfahan. Sin embargo, a pesar de que parte de la inteligencia estadounidense cuestionó esta afirmación, ahora vemos una nueva amenaza sobre un programa nuclear que, en teoría, ya había sido destruido.

Además, Trump exigió a Irán que aceptara nuevas condiciones, incluyendo el fin del enriquecimiento de uranio, la entrega del uranio ya enriquecido, la limitación de su programa balístico y el cese del apoyo a los grupos regionales del Eje de la Resistencia.

Fue entonces cuando Irán se negó. Aunque en junio, Irán y Estados Unidos buscaron una vía de desescalada frente a un Israel que apostaba por continuar los ataques, este año Teherán señaló una dirección diferente. Si debía luchar, lo haría, ya que aceptar esas demandas implicaba su rendición y la hegemonía casi completa de Israel en la región.

Ante la exigencia de rendición, Irán parecía dispuesto a responder. La delegación iraní exigió negociar bilateralmente con Estados Unidos en Omán, fuera del marco de Estambul, donde se pretendía reunir a representantes de varios países de la región para incluir los elementos balísticos y *proxies* en la negociación.

Esta segunda negativa sorprendió a Estados Unidos. Arabia Saudí y Turquía, temerosas de otra guerra, trataron de convencer a Washington de que aceptara el marco propuesto por Irán y negociara de buena fe un acuerdo nuclear. Mientras tanto, Netanyahu se reunió nuevamente con Trump a mediados de febrero para proponer objetivos directos del ataque.

Las negociaciones dieron señales positivas en Omán y en Ginebra, pero es difícil que la situación termine en buen puerto. Fue el propio Trump quien abandonó el acuerdo nuclear en su primer mandato, propiciando la situación de enriquecimiento que ahora tensa las relaciones. De hecho, el incumplimiento iraní fue certificado por primera vez en 2025, con los países europeos iniciando los trámites para devolver las sanciones contra Irán unos meses después.

Incluso si Irán y Estados Unidos alcanzaran una moratoria para el enriquecimiento de uranio, así como la entrega del material enriquecido a países como Rusia o Turquía, esto no sería necesariamente definitivo. Israel ha rechazado la posibilidad de acuerdo, lo que podría llevar a un ataque “preventivo” por parte de Tel Aviv, como se le llamó en junio. Ante la previsible respuesta iraní, Estados Unidos intervendría.

Mientras la diplomacia continúa ganando tiempo, la primera consecuencia del encuentro entre Trump y Netanyahu del 11 de febrero fue el anuncio de que un segundo portaaviones, el USS Gerald Ford, el más grande del mundo, se dirigiría hacia la región. Diplomacia de cañoneras.