
IMPUESTOS MEDIEVALES: LOS ANTEPASADOS DEL IVA Y EL IRPF EN CASTILLA
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Contrario a la creencia popular, los impuestos no son una invención moderna. En la Baja Edad Media, existía un sistema fiscal que evolucionó de una renta privada de los señores feudales a una administración pública centralizada. Este avance fue esencial para sostener instituciones complejas y permitió a la realeza recaudar los recursos necesarios para el primer Estado moderno de Europa.
La investigación titulada **”La Hacienda Regia Castellana. Evolución de los sistemas impositivos y formación de una fiscalidad estatal (siglos XIII-XV)”**, publicada por José Damián González Arce, catedrático de la Universidad de Murcia, revela cómo Castilla, entre los siglos XIII y XV, construyó un **”Estado fiscal”** sólido. Este sirvió de base para la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos y el posterior Imperio español.
La historia de estos impuestos está ligada a monarcas de fuerte personalidad. Figuras como Alfonso X el Sabio impulsaron reformas en las aduanas, y Alfonso XI introdujo la famosa **alcabala**, un impuesto sobre el consumo. Los Reyes Católicos modernizaron el sistema, preparándolo para sostener el Estado más poderoso de la temprana Edad Moderna europea.
LA ALCABALA: EL ANTEPASADO DEL IVA
La **alcabala** puede considerarse el antepasado directo del actual IVA. Originalmente, fue un impuesto del 5% que acabó fijándose en el **10% sobre todas las compraventas** de productos. Lo que comenzó como una medida temporal para costear guerras, como el cerco de Algeciras en 1342, se convirtió en permanente y llegó a suponer hasta el **80% de los ingresos ordinarios** de la corona.
Otra pieza clave del sistema fue el **almojarifazgo**, un conjunto de aranceles aduaneros con profundas **raíces islámicas**. Tras la Reconquista, los reyes cristianos mantuvieron estos sistemas por ser más evolucionados y rentables. Este impuesto gravaba el tránsito de mercancías entre provincias y con el extranjero, recordando al _al-musrif_, el antiguo funcionario musulmán encargado de la recaudación.
El control de las fronteras no solo buscaba dinero, sino también una política **mercantilista**. Se crearon los **diezmos aduaneros** para restringir la salida de metales preciosos del reino y equilibrar la balanza comercial. Los mercaderes debían pagar un 10% del valor de sus bienes al cruzar las aduanas, permitiendo a los reyes marcar su jurisdicción y controlar el flujo de riqueza hacia el exterior.
Incluso el ganado tenía su propia carga fiscal a través del **servicio y montazgo**. Los dueños de los grandes rebaños trashumantes debían pagar por el uso de pastos y por transitar por tierras de la Corona. Los reyes intervenían para fijar aranceles y evitar cobros duplicados.
EL EQUIVALENTE DEL ACTUAL IRPF
El Estado medieval tenía **monopolios exclusivos**, como el de la **sal**. Las minas y salinas eran propiedad de la Corona, que fijaba el precio de venta del producto. Este control se extendía a otras explotaciones mineras, como el mercurio de Almadén o el hierro de la cornisa cantábrica.
Los ciudadanos de la época también conocieron el equivalente al actual **IRPF** mediante los llamados **”servicios”**. Eran impuestos directos extraordinarios aprobados por las Cortes que se repartían en función de la fortuna de cada vecino. Aunque nobles y clero solían estar exentos, en momentos de extrema necesidad, se intentó que **toda la población contribuyera proporcionalmente a su riqueza** para pagar deudas estatales.
En definitiva, la fiscalidad medieval no era solo un sistema de extracción, sino un **mecanismo de cohesión social** incipiente. La transición de un modelo donde el rey vivía de sus propias tierras a uno donde el Estado central recaudaba de la actividad económica pública fue crucial. Comprender estos impuestos permite ver que la solidaridad tributaria actual es una evolución de aquellas lejanas reformas castellanas.













