
Última noche con mi hermano: Un drama fraternal conmovedor
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Alfredo Sanzol, autor y director, presenta en ‘La última noche con mi hermano’ un relato centrado en las relaciones entre hermanos, más allá de la enfermedad y la muerte. La obra, ambientada en el Teatro María Guerrero de Madrid, aborda el duelo, la ausencia y los vínculos de sangre a través de tres parejas fraternales: Nagore y Alberto, inseparables; Ainhoa y Claudio, distanciados; y Nahia y Oier, hermanastros que se conocen.
El detonante: un diagnóstico de cáncer
El diagnóstico de cáncer de Nagore actúa como catalizador, exponiendo relaciones, sentimientos y comportamientos en torno a su figura.
Sanzol explora el duelo por la muerte de un hermano, a menudo menos acompañado socialmente que otros duelos, y la ausencia tanto física como emocional que puede generar el distanciamiento.
Vínculos de sangre y complejas relaciones
La obra profundiza en los lazos sanguíneos, sus complejidades y la atracción inexplicable que ejercen. A través de personajes cotidianos, pero con aristas, Sanzol logra conectar con el espectador, divirtiéndolo, emocionándolo y conmoviéndolo sin caer en sentimentalismos excesivos ni giros inesperados.
Virtudes de Sanzol: franqueza y naturalidad
Sanzol demuestra su franqueza, claridad y naturalidad tanto en el desarrollo de la trama como en la construcción de personajes cercanos y realistas.
Sin embargo, la obra presenta momentos puntuales, como la escena del sueño de Alberto o la discusión política entre Ainhoa y Claudio, que dilatan innecesariamente la función.
Un reparto afinado y preciso
El éxito de la obra se sustenta en gran medida en la elección del reparto, con seis intérpretes que encarnan a sus personajes de manera precisa y cabal. Destacan Nuria Mencía y Jesús Noguero, quienes transmiten con excelencia, veracidad y exactitud las emociones de Nagore y Alberto, los personajes principales.













