
Un análisis de sangre podría predecir cuándo aparecerá el Alzheimer con hasta cuatro años de antelación
La detección temprana del Alzheimer ha sido durante décadas uno de los grandes desafíos de la neurología moderna. Ahora, un equipo de científicos estadounidenses cree haber dado con una herramienta que podría cambiar las reglas del juego: un sencillo análisis de sangre capaz de anticipar cuándo una persona comenzará a perder la memoria, años antes de que aparezca el primer síntoma.
Científicos de la Washington University School of Medicine en St.
Louis han creado un modelo capaz de calcular cuántos años faltan para que una persona comience a mostrar síntomas del Alzheimer, incluso cuando todavía goza de plena salud cognitiva.
La clave está en la proteína p-tau217, presente en el plasma sanguíneo. Esta molécula refleja la acumulación de amiloide y tau en el cerebro —las llamadas “huellas dactilares” del Alzheimer— y sigue un patrón de acumulación tan constante que los investigadores han podido usarla como cronómetro biológico.
El equipo, liderado por Schindler y Kellen K.
Petersen, analizó datos de 603 adultos mayores participantes en dos grandes proyectos de investigación: el Knight Alzheimer Disease Research Center y la Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative (ADNI).
El modelo no se limita a detectar si una persona tiene o tendrá Alzheimer, sino que estima en qué momento de su vida podrían aparecer los primeros síntomas, con una ventana de predicción de entre tres y cuatro años. La prueba fue validada con distintos test comerciales de medición de
p-tau217, incluyendo el PrecivityAD2, ya disponible clínicamente.
El hecho de que el modelo funcionara de forma consistente con diferentes métodos refuerza su fiabilidad y su potencial de uso generalizado.
La edad del paciente juega también un papel determinante. Si los niveles de p-tau217 se elevan en una persona de 60 años, los síntomas podrían aparecer unos 20 años después.
En alguien de 80 años, ese plazo se reduce a aproximadamente 11 años, lo que sugiere que el cerebro más joven es más resistente al daño neurodegenerativo.
Uno de los beneficios más inmediatos es su utilidad para los ensayos clínicos, actualmente costosos y lentos por la dificultad de seleccionar participantes en la fase precisa de la enfermedad. Gracias al modelo, los investigadores podrán identificar a personas sin deterioro cognitivo pero con alta probabilidad de desarrollar síntomas durante el período del ensayo, lo que reduciría tiempos y costes.
Pese al entusiasmo generado, expertos independientes piden prudencia.
Andrew Saykin, director del Centro de Investigación del Alzheimer de Indiana, reconoció que “aún no hemos llegado a ese punto de precisión”. Gil Rabinovici, neurólogo de la Universidad de California en San Francisco, subrayó que el modelo debe probarse en poblaciones más amplias y diversas antes de su adopción generalizada.
El propio equipo investigador reconoce que el modelo está en fases iniciales de validación y que su uso queda restringido, por ahora, al ámbito de la investigación clínica.
El Alzheimer es la forma más común de demencia, responsable de entre el 60% y el 70% de los casos.
La OMS estima que más de 57 millones de personas viven actualmente con algún tipo de demencia, cifra que podría triplicarse hasta los 139 millones en 2050.
El gran reto de esta enfermedad es que el daño cerebral comienza décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles. Disponer de un “reloj biológico” en sangre que anticipe ese momento podría cambiar radicalmente la forma en que médicos y pacientes planifican el futuro.
El siguiente paso será demostrar que, cuando lleguen mejores tratamientos, actuar antes marcará la diferencia.












