
La paradoja del mercado laboral: Se buscan profesionales cualificados con sueldos elevados
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La dificultad para encontrar personal cualificado, a pesar de la oferta de salarios competitivos, es una realidad que afecta a diversos sectores. Blas, propietario de una carpintería metálica en Granada, pone de manifiesto esta problemática, afirmando estar dispuesto a pagar entre 2.000 y 3.000 euros a quien pueda realizar el trabajo de forma eficiente.
Crisis de personal en múltiples gremios
Esta situación no se limita a la soldadura, sino que se extiende a otros oficios como electricistas, fontaneros, obreros e incluso camareros. La falta de personal cualificado pone en riesgo la viabilidad de muchas pequeñas y medianas empresas.
Blas, quien tiene experiencia en ambos lados de la situación, actualmente tiene un aprendiz y se enfoca en brindarle una formación adecuada. Esta filosofía contrasta con la de empresas más grandes, donde a menudo se asignan tareas menos relevantes a los aprendices, o con la de algunos cursos online que otorgan certificaciones sin garantizar una formación práctica sólida.
El coste de la contratación y las expectativas salariales
El empresario destaca el alto costo de la contratación, señalando que el seguro de un peón puede ascender a casi 1.000 euros, una cantidad que el empleado debe generar con su propio trabajo.
Blas comprende que un aprendiz no puede rendir al mismo nivel que un oficial experimentado, pero considera que los jóvenes a menudo aspiran a salarios similares desde el principio.
Propone un sistema de progresión salarial basado en el convenio colectivo, con la posibilidad de alcanzar salarios competitivos a medida que se demuestre habilidad y experiencia. Esta perspectiva contrasta con la elección de muchos jóvenes que optan por otras carreras, a pesar de que los oficios técnicos ofrecen sueldos superiores a muchas profesiones universitarias.
Una trayectoria profesional forjada desde la base
La historia de Blas es la de un profesional que se ha construido a sí mismo. Comenzó a trabajar a los 14 años en estructuras de hormigón junto a su tío, donde tuvo su primer contacto con la soldadura. Tras abandonar los estudios de la ESO, probó suerte en otros oficios, pero su pasión por el metal lo llevó a formarse como tornero fresador.
Durante esta etapa, su experiencia previa le permitió incluso enseñar a sus compañeros a soldar.
Después de su formación, trabajó durante siete años en un taller mecánico, un empleo que compaginaba con su pasión por fabricar y reparar piezas en el taller de su abuelo. Invirtió en maquinaria propia hasta que, en febrero de 2020, se dio de alta como autónomo y se dedicó por completo a su taller. Su crecimiento ha sido gradual, basado en el boca a boca y sin necesidad de publicidad.
Desafíos del trabajo autónomo: competencia y clientes informales
Como autónomo, Blas se enfrenta a la competencia desleal y a la negociación constante con los clientes, quienes a menudo buscan presupuestos más bajos. Sin embargo, Blas defiende la calidad de su trabajo, explicando que la diferencia de precio suele estar relacionada con la calidad de los materiales y los acabados.
Otro problema es la informalidad de algunos clientes.
Relata el caso de un vecino que le encargó unas rejas y, una vez fabricadas, decidió no comprarlas, bloqueando su teléfono. Esta experiencia le ha obligado a pedir un anticipo a los nuevos clientes para cubrir el costo del material.
Especialización como objetivo futuro
La visión de futuro de Blas es clara: especializarse en la fabricación en el taller. Su objetivo es consolidar un modelo de negocio en el que su taller se dedique exclusivamente a la producción y soldadura de piezas, delegando el montaje a otras empresas o colaboradores, lo que le permitiría centrarse en lo que más le apasiona.













