
¿Hay algo peor que un policía delincuente?
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El concepto del policía delincuente es un arquetipo recurrente en el cine negro y la novela, precisamente por su naturaleza fascinante y aterradora. La psicología retorcida y la vida al límite de estos personajes los convierten en figuras memorables. La ficción nos ha presentado policías mafiosos, narcotraficantes, ladrones, corruptos, torturadores, espías de rivales políticos, fabricantes de delitos y abusadores de poder. Sin olvidarnos, por supuesto, de los policías violadores.
Pero fuera de la ficción, los policías delincuentes no generan fascinación, sino terror. Y lamentablemente, la realidad nos ha mostrado numerosos ejemplos. En la España democrática, hemos sido testigos de casos de policías mafiosos, narcotraficantes, ladrones, corruptos, torturadores, espías políticos, fabricantes de delitos, abusadores de poder y, sí, también violadores. La gravedad de estas situaciones se extiende a otros cuerpos de seguridad, como la Guardia Civil, e incluso, en menor medida, a ertzainas, mossos y policías locales.
Es fundamental recordar que estos casos son minoritarios. La inmensa mayoría de los cuerpos de seguridad cumplen con la ley. Sin embargo, esta minoría genera una enorme inseguridad. La idea de que alguien encargado de nuestra seguridad, con el monopolio de la violencia legal, armado y con presunción de veracidad, pueda golpearte, plantar drogas, robar cargamentos, extorsionarte o cometer actos aún peores, es aterradora.
El peligro de los mandos policiales corruptos
La situación se agrava cuando el delincuente no es un agente de base, sino un mando policial. Alguien con poder jerárquico y mayor capacidad para ocultar sus fechorías. En los últimos tiempos, hemos visto demasiados mandos policiales responsables de la lucha contra el narcotráfico que, simultáneamente, se dedicaban al tráfico de drogas. O encargados de perseguir delitos económicos que acumulaban millones de euros de origen dudoso.
La sola posibilidad de que el jefe máximo de la policía haya cometido una agresión sexual es espeluznante. Si, además, acosó y amenazó a la víctima, e intentó comprar su silencio con la ayuda de otros policías de su confianza, la situación se torna terrorífica. Esto indicaría el grado de impunidad que sentía.
El encubrimiento: un problema aún mayor
¿Existe algo peor que un policía delincuente? Sí: un policía delincuente al que encubren otros policías. En demasiadas ocasiones, por corporativismo, lealtad mal entendida o complicidad, algunos agentes amparan a los delincuentes, miran hacia otro lado, dificultan las investigaciones o incluso forman parte de la trama.
Si se confirma lo denunciado por la presunta víctima, es urgente que el Ministerio del Interior realice una limpieza a fondo en la Policía Nacional, sin importar quién caiga. La sola idea de la impunidad en estos casos es motivo de gran preocupación.













