
Un santuario de mármol de 4.600 años revela los albores de la civilización griega en el Egeo
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Un descubrimiento en el islote de Daskalio, junto a la isla de Keros, está revolucionando la comprensión de los orígenes de la civilización griega. Arqueólogos han desenterrado los restos de un monumental santuario de mármol blanco, erigido hace 4.600 años.
La magnitud y complejidad de esta construcción, junto a su ubicación, sugieren un nivel de desarrollo técnico, político y espiritual desconocido hasta ahora en las comunidades cicládicas de la Edad del Bronce.
El santuario, visible desde el mar como una pirámide luminosa, habría servido como centro de culto y símbolo de poder colectivo. Sus muros resplandecientes transformaban el islote en un faro divino, un punto de referencia físico y espiritual.
Este hallazgo, fruto del trabajo del Cambridge Keros Project, desafía la idea de sociedades egeas como simples aldeas aisladas. En cambio, revela una red organizada capaz de emprender una de las mayores obras de ingeniería del mundo antiguo.
Daskalio: Una montaña sagrada esculpida por el mar
Daskalio, con su forma piramidal natural, fue completamente transformada.
Se importaron entre 7.000 y 10.000 toneladas de mármol blanco desde Naxos, a más de 10 kilómetros de distancia. Se estima que se realizaron unas 3.500 travesías marítimas, de cinco horas cada una, utilizando embarcaciones primitivas que soportaban apenas dos toneladas por viaje. Esta titánica tarea es la operación de transporte marítimo más ambiciosa documentada en la prehistoria.
El islote fue remodelado con terrazas escalonadas que sostenían cerca de 60 edificios de mármol, alineados en un patrón que sugiere una planificación centralizada. La cima permaneció libre de estructuras, reservada para ceremonias religiosas y ofrendas.
Este diseño revela un equilibrio entre función, simbolismo, devoción y dominio técnico.
El brillo del mármol sobre el mar pudo haber evocado narraciones de creación, aquellas que describen montañas sagradas emergiendo del caos acuático. En civilizaciones como Egipto o Mesopotamia, estos montículos representaban el nacimiento del orden y la vida. Daskalio, en este sentido, pudo ser el equivalente egeo de esos mitos, un puente entre el mundo humano y lo divino.
Los arqueólogos han hallado más de 1.500 discos de piedra y cientos de guijarros blancos, ofrendas votivas cuidadosamente dispuestas. También se encontraron figurillas de mármol, herramientas de obsidiana y armas de cobre, muchas fabricadas en el mismo lugar.
Estas evidencias confirman que Daskalio no fue un asentamiento común, sino un santuario y centro de producción que atraía a peregrinos y artesanos de todo el archipiélago de las Cícladas.
Una proeza política y técnica sin precedentes
La construcción del santuario de Daskalio solo se explica mediante una organización política sofisticada. Para movilizar miles de toneladas de mármol, coordinar a cientos de trabajadores y mantener un flujo constante de recursos, debió existir una autoridad central, quizás una alianza entre Keros y Naxos, capaz de planificar y supervisar cada detalle.
Este liderazgo evidencia una estructura social avanzada y una cooperación regional que antecede a las polis griegas clásicas. La elección de Daskalio no fue casual. Su silueta piramidal, visible desde largas distancias, y su ubicación estratégica lo convertían en un lugar de profundo significado cosmológico.
Cubrirlo con mármol respondía a una intención simbólica: transformar un elemento natural en una manifestación de lo sagrado.
El descubrimiento de este santuario reconfigura la comprensión del desarrollo cultural del Egeo. Lejos de ser comunidades aisladas, los pueblos cicládicos demostraron una capacidad de navegación, planificación urbana y simbolismo religioso que anticipa las bases de la civilización helénica.
Daskalio emerge como un eslabón perdido entre la prehistoria y la Grecia mítica, un espacio donde la arquitectura, la religión y la ingeniería convergieron para dar forma a una nueva visión del mundo. El santuario de mármol sigue brillando bajo las aguas del tiempo, recordando que la historia de Grecia comenzó mucho antes de lo que se creía.













