ALGO QUEDARÁ DE MÍ: LAS MUJERES DE RAVENSBRÜCK

ALGO QUEDARÁ DE MÍ: LAS MUJERES DE RAVENSBRÜCK
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ALGO QUEDARÁ DE MÍ: LAS MUJERES DE RAVENSBRÜCK

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Ravensbrück, el principal campo de concentración nazi para mujeres, operó cerca de Berlín entre 1939 y 1945. Por sus puertas pasaron alrededor de 130.000 mujeres de 40 nacionalidades, mayoritariamente presas políticas y miembros de la resistencia europea. En 1945, se instaló una cámara de gas. Se estima que entre 30.000 y 90.000 personas perdieron la vida allí, principalmente polacas, soviéticas, alemanas y francesas, incluyendo a unas 200 españolas.

En su libro “Algo quedará de mí”, Mercedes Monmany reconstruye las historias de diez mujeres que convergieron en este infierno.

Bajo el verso de Horacio “Non omnis moriar” (“No todo lo mío morirá”), Monmany nos presenta a figuras como Germaine Tillion, etnóloga y líder de la resistencia francesa, y Margarete Buber-Neumann, periodista que experimentó tanto el horror del Gulag como el de Ravensbrück.

También encontramos a Milena Jesenská, intelectual checa y traductora de Kafka; Charlotte Delbo, escritora que transformó el trauma de la deportación en poesía; Geneviève de Gaulle, resistente y activista; María Skobtsova, monja ortodoxa que se sacrificó en la cámara de gas; Irène Némirovsky, novelista asesinada en Auschwitz y autora de “Suite francesa”; Etty Hillesum, mística judía que documentó su proceso espiritual en los campos; Elisabeth de Miribel, clave en la comunicación de la Francia Libre, y Elisabeth de La Panouse, aristócrata que murió en cautiverio por su compromiso con la resistencia.

Un “Ejército de las Sombras” Femenino

Monmany, tras explorar la literatura europea de los siglos XX y XXI y la memoria de las escritoras que murieron en Auschwitz, articula en este ensayo un relato sobre la solidaridad y el deber del testimonio. “Algo quedará de mí” analiza cómo estas mujeres, desde intelectuales y aristócratas hasta religiosas y periodistas, priorizaron la dignidad humana frente al horror del nazismo y el estalinismo.

La autora destaca la importancia de reconocer el papel de las mujeres en la resistencia, un “Ejército de las Sombras” a menudo invisibilizado. Recuerda que, tras la liberación de Francia, la proporción de mujeres reconocidas como “Compañeros de la Liberación” fue ínfima en comparación con la de hombres, a pesar de su activa participación en la lucha.

Solidaridad y Resistencia

Monmany subraya la solidaridad que unía a estas mujeres, incluso entre aquellas que no eran militantes. En Ravensbrück, los discursos eran fundamentales para ofrecer ánimo y mantener viva la esperanza.

Las prisioneras, al ser llevadas a las cámaras de gas, gritaban: “¡Por favor, no te olvides, cuéntalo!”. Para las sobrevivientes, dar testimonio se convirtió en una obligación moral.

Germaine Tillion, por ejemplo, escribió “Ravensbrück”, una radiografía antropológica del campo. Margaret Buber-Neumann, a quien Monmany describe como “La Testigo”, denunció la similitud entre el sistema soviético y el nazi en su objetivo de destruir al ser humano, lo que le valió críticas y ostracismo en su momento.

La Voz Individual en el Horror Colectivo

La autora busca la voz individual en el horror colectivo, explorando la intimidad de cada personaje. Le interesa resaltar el impulso de decir “esto es inaceptable” hasta sacrificar la propia vida, como la aristócrata que murió de tifus en Ravensbrück tras ser torturada.

Esta advertencia, según Monmany, sigue vigente hoy en día en lugares como Irán y Venezuela.

Para Monmany, el testimonio es una advertencia constante. En tiempos de paz, el mal puede estar oculto, pero cuando se legitima, atrae a mucha más gente de la que se piensa. El silencio y el mirar hacia otro lado son actitudes peligrosas que permiten que sociedades anormales florezcan.