La realidad de los médicos de guardia en la sanidad pública: "Cobro más a las 10 de la mañana que a las 3 de la madrugada"

La realidad de los médicos de guardia en la sanidad pública: "Cobro más a las 10 de la mañana que a las 3 de la madrugada"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

La realidad de los médicos de guardia en la sanidad pública: "Cobro más a las 10 de la mañana que a las 3 de la madrugada"

Jornadas de trabajo que empiezan a las ocho de la mañana de un viernes y terminan a las ocho de la mañana del sábado. Un total de 24 horas seguidas en las que la atención a pacientes en las urgencias de un hospital no se detiene, sin importar si el profesional lleva 14 o 20 horas sin descanso. Esta es la situación habitual a la que se enfrentan numerosos médicos de la sanidad pública española, una realidad que agota física y mentalmente a quienes la viven.

Una de estas profesionales es Celeste Guillén, una cirujana de la unidad de ginecología del hospital Costa del Sol de Marbella. Su especialidad, la ginecología, añade un factor de imprevisibilidad constante.

“En mi especialidad, que somos ginecólogos, el paritorio, o sea, las mujeres que se ponen de parto, no es algo programado. Una paciente puede venir de parto a cualquier hora, y, claro, nosotros tenemos que atenderlas cuando sea, porque hay momentos de urgencia”, explica la doctora. Esta naturaleza de su trabajo la obliga a realizar varias guardias de 24 horas cada mes.

El descanso durante estas maratonianas jornadas es, en la mayoría de los casos, una utopía. Aunque disponen de un espacio para reposar, la realidad es muy distinta.

“Se duerme lo que se puede, claro. Tenemos una habitación, pero muchas veces ni la pisamos”, confiesa Guillén, quien añade que no es extraño pasar “las 24 horas despierto”.

Al finalizar el turno, el agotamiento es extremo, hasta el punto de que el día siguiente a la guardia se convierte en un día perdido, dedicado exclusivamente a la recuperación. “Ese día ya estás reventado, no puedes hacer vida normal porque estás fundido”, lamenta la cirujana. El ciclo se repite sin apenas dar tregua, ya que al día siguiente de esa jornada de descanso forzoso, debe reincorporarse a su puesto a las ocho de la mañana.

Estas guardias de 24 horas son obligatorias en la sanidad pública hasta que el médico cumple los 55 años, momento en el que pasan a ser voluntarias.

Celeste Guillén subraya cómo estas condiciones laborales pasan una enorme factura a nivel mental y físico. Además, denuncia que la conciliación familiar se vuelve una tarea prácticamente imposible, una realidad que afecta profundamente la vida personal de los facultativos.

Por si el esfuerzo físico y el sacrificio personal no fueran suficientes, la compensación económica por las horas de guardia agrava la sensación de precariedad. Celeste Guillén desvela una de las situaciones más ilógicas de su nómina, que refleja la falta de consideración hacia su trabajo nocturno. “Yo cobro más a las 10 de la mañana que a las 3 de la madrugada”, afirma con contundencia.

La razón de esta paradoja es que las horas de guardia no se computan como horas extraordinarias.

“Eso no tiene ningún sentido, porque no nos cuentan como hora extraordinaria, o sea, no tenemos plus de nocturnidad ni nada”, detalla Guillén. La conclusión es desoladora: “Entonces, encima estás 24 horas despierto a un precio ridículo”.

Este cóctel de agotamiento, condiciones precarias y una remuneración inadecuada ha sido el detonante de las movilizaciones actuales. Las guardias de 24 horas y la falta de una retribución justa son dos de las reivindicaciones clave de los médicos de la sanidad pública, que esta semana ejercen su derecho a huelga contra el borrador del estatuto marco propuesto por el Ministerio de Sanidad. Los facultativos exigen al Gobierno central una participación activa y directa en la negociación de sus propias condiciones laborales.

La protesta ha alcanzado su quinto día de huelga consecutivo.

Según datos del Sindicato Médico de Málaga, el seguimiento de esta huelga está siendo del 50 por ciento de los facultativos. El descontento es aún más palpable entre los médicos más jóvenes, ya que en el caso de los residentes (MIR), ese porcentaje de seguimiento asciende hasta casi el 70 por ciento.