CUANDO LOS DIOSES SE DERRITEN: EL CALENTAMIENTO GLOBAL SACUDE CREENCIAS ANCESTRALES

CUANDO LOS DIOSES SE DERRITEN: EL CALENTAMIENTO GLOBAL SACUDE CREENCIAS ANCESTRALES
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CUANDO LOS DIOSES SE DERRITEN: EL CALENTAMIENTO GLOBAL SACUDE CREENCIAS ANCESTRALES

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El retroceso de los glaciares, desde los Andes hasta el Himalaya, está obligando a las culturas locales a modificar rituales milenarios, produciendo una desconexión espiritual y una sensación de culpa ante la desaparición de las deidades de hielo.

Pastores de yaks en Bután observan con consternación cómo la montaña sagrada Jomolhari ha perdido sus “perlas lustrosas” de nieve y hielo. En Perú, los peregrinos que ascendían al Colquepunco para recolectar “hielo sagrado” ahora se limitan a tomar agua del deshielo. Los primeros se sienten culpables porque su diosa está “enferma”, mientras que los segundos creen que su dios se ha cansado de sus oraciones. Estos son solo dos ejemplos del impacto del calentamiento global en los rituales y creencias de las culturas que consideran a los glaciares lugares sagrados.

Un análisis publicado en *Nature Climate Change* por seis investigadores que trabajan en estas regiones del planeta, revela cómo el calentamiento global está transformando las creencias y rituales de las comunidades indígenas de montaña. Para muchos habitantes de estas zonas, desde los Andes hasta el Himalaya, los glaciares sagrados parecen estar enfermos, escondiéndose o abandonándolos.

La fragilidad de los dioses

Elizabeth Allison, del Instituto de Estudios Integrales de California, resume: “Los dioses que habitan las montañas, que alguna vez parecieron todopoderosos, ahora parecen frágiles y vacilantes”. Iván Lizaga, investigador del IPE-CSIC y coautor del artículo, añade: “Se está perdiendo la conexión espiritual con la Tierra, al mismo tiempo que se están perdiendo los glaciares. Ellos se piensan que uno es la consecuencia de lo otro”.

Desconexión en las Montañas de la Luna

Lizaga colabora con Moses Muhumuza en los montes Rwenzori, conocidos como las “Montañas de la Luna”, entre Uganda y la República Democrática del Congo. La cosmología del pueblo konjo, que habita esta región, está profundamente arraigada en los recursos naturales. Los konjo reconocen 21 dioses y diosas asociados a la montaña, y en su cosmovisión, los glaciares son el esperma semisólido del dios Kithasamba.

Estos montes han perdido alrededor del 90% de sus glaciares desde principios del siglo XX. Esta pérdida física, junto con la prohibición de acceso al Parque Nacional, ha obligado a abandonar muchas ceremonias tradicionales. La comunidad konjo interpreta que el hielo desaparece no por el calentamiento global, sino porque se les impide ejecutar sus rituales. Aunque la situación se está revirtiendo, los efectos de este abandono perduran.

El dios que se esconde

Otro caso citado es la peregrinación del Señor de Qoyllurit’i, en Perú. Históricamente, los devotos subían al glaciar Colquepunco para cortar bloques de “hielo sagrado” y llevarlos a sus comunidades. Ahora, se abstienen de cortar el hielo y solo recolectan agua de deshielo, interpretando que el glaciar retrocede porque el Señor, cansado de las oraciones, está intentando “esconderse” de ellos. Constanza Ceruti, antropóloga argentina, afirma que “el futuro de las montañas está en riesgo y, con él, su patrimonio cultural”.

En Bolivia, tras la desaparición del glaciar Chacaltaya en 2009, los habitantes del Valle de Milluni interpretan el sol abrasador como una consecuencia de sus actos. “Es un castigo que hemos creado nosotros mismos”, relata un residente local. En la cosmovisión andina, los picos nevados son “abuelos” o guardianes, y la crisis climática ha obligado a modificar tradiciones con siglos de antigüedad. Según Elizabeth Allison, las oraciones y ofrendas para mantener buenas relaciones con las deidades de las montañas ya no son tan efectivas.

Al servicio del diablo

Guillermo Salas Carreño, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, defiende que en los Andes las montañas no han dejado de ser agentes intencionales, aunque lo que está cambiando es su significado. “Son muy conscientes de que está cambiando el clima, lo que produce un sentimiento de culpa de que los cerros estén castigándoles por sus fallos morales y el descuido ritual”, explica. Algunos creen que “nuestros pecados huelen tan mal que el Señor [el glaciar] se va durante la peregrinación, porque apestamos mucho”.

Salas Carreño destaca el aumento de la influencia de las iglesias evangélicas y pentecostales, que dejan fuera a las antiguas deidades y dan paso a una interpretación basada en las escrituras. “Estos cambios se ven como castigos divinos o como parte de la teleología de la Segunda Venida y el Juicio Final”, explica. “Como no son Dios, los glaciares y montañas son entonces asociados con el diablo. Y los conversos suelen abstenerse de honrar a los glaciares y montañas”.

La diosa enferma del Himalaya

En Bután, la metáfora de la belleza divina se está desmoronando. Los habitantes describían la montaña sagrada Jomolhari como una diosa que vestía “perlas lustrosas”, en alusión a la nieve y hielo. Ahora, los pastores de yaks señalan con consternación las “manchas negras” que aparecen en la montaña, sugiriendo que “parece enferma”.

Como en los casos anteriores, muestran un sentido de culpabilidad moral, preocupados de haber fallado en seguir su cultura y rituales, causando que la diosa Jomolhari los abandone. Elizabeth Allison argumenta que se está perdiendo el sentido de integración y conexión que ejercían las religiones. “Las percepciones, prácticas y metáforas religiosas milenarias en las comunidades de alta montaña están cambiando a medida que el paisaje físico cambia hacia un entorno desecado y más oscuro”, afirma. Iván Lizaga coincide en que “muchos de estos ritos que se están abandonando protegían la biodiversidad y su desaparición contribuye a que no se llegue a frenar esa degradación”.

La angustia por la pérdida

Álvaro Fernández-Llamazares, especialista en etnobiología del ICTA-UAB, cree que este artículo es valioso porque muestra que el cambio climático no solo transforma paisajes físicos, sino también las relaciones espirituales que muchas comunidades mantienen con esos paisajes. “El retroceso de glaciares afecta a sistemas de creencias, rituales y relaciones de reciprocidad que durante siglos han regulado la convivencia entre personas y naturaleza”, señala. En su trabajo ha observado procesos similares, a menudo acompañados de *solastalgia*, un sentimiento de duelo, angustia y desorientación que surge cuando los lugares de arraigo se transforman o desaparecen por el deterioro ambiental.

Fernández-Llamazares relata que “entre los sami del norte de Fenoscandia, la pérdida de nieve estable y la creciente imprevisibilidad del hielo se viven con una sensación tremenda de pérdida. El paisaje deja de responder como antes y se quiebra una relación de confianza forjada durante generaciones. En comunidades sami, este cambio se suele expresar como un duelo silencioso por un territorio que ya no sostiene con la misma fuerza la vida cultural y espiritual”.

Sérgio Henrique Faria y su equipo del Laboratorio de Hielo (IzotzaLab) del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3), creen que el análisis de estos investigadores es una oportunidad para reflexionar sobre el papel de estas creencias. Faria apunta que durante los últimos dos siglos, el pensamiento académico y científico consideraba las religiones basadas en la naturaleza como algo primitivo que había que superar. En su opinión, el cambio climático ha puesto de relieve los peligros de este distanciamiento radical con el entorno, a lo que se le suma la reacción por parte de ciertos grupos religiosos, que no aceptan la idea de formar parte de la naturaleza y perder la supuesta superioridad humana otorgada por lo Divino. “Es hora de tener en cuenta estas nuevas amenazas”, concluye.