
BTS y el poder blando: el K-Pop como herramienta geopolítica de Corea del Sur
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En 2021, los integrantes de BTS recibieron pasaportes diplomáticos del gobierno surcoreano, simbolizando la estrategia cultural de Corea del Sur: convertir la música popular en herramienta de proyección internacional y poder blando.
K-Pop y Diplomacia
En la última década, el K-Pop se ha utilizado para fines diplomáticos. En 2018, EXO actuó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno de PyeongChang. Red Velvet ofreció un concierto en Pyongyang ante Kim Jong-un, un gesto de acercamiento entre las dos Coreas.
En 2017, EXO fue recibido por Donald Trump y, en 2022, BTS se reunió con Joe Biden en la Casa Blanca. BTS también intervino en la Asamblea General de Naciones Unidas en 2018 y 2021.
BTS: Orgullo Nacional y Solidaridad Política
Jane Yeahin Pyo, profesora de Comunicación, explica que BTS envía señales de solidaridad política fuera de Corea, como la donación al movimiento BLM en 2020. Dentro del país, representa orgullo nacional y señala la posición de Corea como líder cultural global.
Mucha gente los percibe como un sustituto simbólico del lugar de Corea en la economía cultural mundial.
Un Producto Pensado para la Exportación
La musicóloga Lorena Varela sitúa este despliegue internacional en un marco más amplio: el género surge como un producto pensado para circular internacionalmente, construido desde una lógica de hibridación estructural. Nuria de Andrés, conocida como Sélpide, afirma que el género se construye a partir de referencias globales y estadounidenses.
La Crisis Financiera Asiática y el Auge del K-Pop
La Marca País de Corea del Sur se define tras la crisis financiera asiática de 1997. El gobierno de Kim Dae-jung incorporó la industria cultural como sector prioritario. La música, el cine y las series se entendieron como activos económicos de bajo coste y alta capacidad exportadora.
Pyo coincide en que el uso político de BTS es progresivo. A medida que gana fama global, pasa a utilizarse para la agenda política, cultural y económica del país. Sin embargo, no siempre es intencional, ya que los fans desarrollan sus propias estrategias.
Éxito Global, Fricción Regional
El poder blando del K-Pop funciona a escala global, pero encuentra límites en Japón y China, donde se analiza en base a conflictos históricos. El éxito del K-Pop en Japón ha suscitado el resurgir de ciertos movimientos proimperialistas.
En 2018, la cadena japonesa Asahi TV canceló una actuación de BTS tras la circulación de imágenes de Jimin vistiendo una camiseta que combinaba una fotografía del hongo atómico con consignas sobre la liberación de Corea del dominio colonial japonés. Esto evidencia cómo la cultura pop puede activar conflictos de memoria histórica.
Desde el armisticio de 1953, la Zona Desmilitarizada (DMZ) entre las dos Coreas funcionó como un espacio de guerra psicológica. Corea del Sur incorporó el K-Pop a esas emisiones, buscando introducir disonancia cognitiva en una sociedad sometida a control informativo. “El K-Pop se incorpora con facilidad a agendas nacionales, pero esa misma visibilidad lo expone a conflictos históricos y geopolíticos que no puede resolver por sí solo”, señala Pyo.
El Fandom como Vector Cultural
La proyección global del K-Pop se explica por la acción de las agencias y la diplomacia cultural, así como por el papel activo de los fandoms. Camile Rocío Gálvez Soruco y María Elena Piedra Camacho forman parte de ARMY Madrid, una subsección del club de fans global de la banda. El K-Pop actúa como catalizador del turismo: “Cuando te haces fan de BTS, visitar Corea del Sur se convierte en tu sueño”.
Además del apoyo musical, el fandom se articula como una red de acción colectiva en torno a causas públicas. La colaboración con UNICEF, en 2017, es uno de los ejemplos más citados.
Para Pyo, el futuro del K-Pop depende de su capacidad de adaptación. Tendrá que avanzar hacia una mayor diversidad cultural y condiciones laborales justas. El K-Pop no es un productor cultural aislado, sino que actúa como herramienta de proyección internacional, modelo industrial transnacional y catalizador social.
La cuestión no es si es político, sino cómo su estructura lo convierte en un actor con efectos políticos: cuando entra en conflictos históricos o cuando se utiliza como instrumento de presión se convierte, en efecto, en un arma de doble filo.













