LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD: EL CAMINO DE LOS ADOPTADOS

LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD: EL CAMINO DE LOS ADOPTADOS
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LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD: EL CAMINO DE LOS ADOPTADOS

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Para muchos, la adopción es un acto de amor que brinda una nueva oportunidad de vida. Sin embargo, también puede representar un vacío en la memoria, una pregunta constante sobre los orígenes. ¿De dónde vengo? ¿A quién me parezco?

¿Por qué fui separado de mi familia biológica?

Hoy, compartimos las historias de Beatriz Benítez e Iván Gastañaga, dos personas que han aprendido a vivir con estas interrogantes y han transformado la búsqueda de respuestas en un camino de autodescubrimiento.

Dos historias, una búsqueda común

Beatriz Benítez nació en Madrid en 1971 y fue adoptada con apenas dos días de vida. Su búsqueda comenzó con una pregunta fundamental: “¿Quién soy? ¿De dónde vengo?” Durante décadas, en España, muchas mujeres dieron a luz sin revelar ningún dato de filiación. Además, la adopción suele preservar la identidad de los padres biológicos, especialmente si así lo solicitan.

Para Beatriz, su familia biológica fue un misterio durante años, hasta que, tras la muerte de su abuela adoptiva, decidió emprender la búsqueda.

Iván Gastañaga, por su parte, fue adoptado desde Rusia. Ambos compartieron sus experiencias en un programa de radio, donde relataron cómo han reconstruido el rompecabezas de sus vidas, buscando las piezas más importantes.

La necesidad de pertenecer

Beatriz forma parte de la asociación “La voz de los adoptados”. Explica que la creación de este tipo de colectivos es crucial, ya que las personas que comparten una misma circunstancia vital buscan a sus iguales. La necesidad de encontrar a otros que han vivido experiencias similares es un rasgo común entre los adoptados.

Según Beatriz, lo que realmente une a todos es una inquietud existencial: la necesidad de conocerse a sí mismos.

Esta búsqueda a menudo implica encontrar a la familia biológica, ya que toda persona adoptada tiene cuatro progenitores: padre y madre biológicos, y padre y madre adoptivos.

El primer niño ruso adoptado

La historia de Iván es particular: fue el primer niño ruso adoptado por una familia española. Nació en Moscú en 1990 y creció en Santander en un entorno familiar estable y afectuoso. Aunque sus padres siempre le hablaron con naturalidad de sus orígenes, él no se sentía ruso, más allá de “un papel y una historia contada”.

Iván describe su proceso de aceptación en dos fases. En la infancia, se preguntaba “¿por qué me tocó a mí la buena o la mala suerte de ser adoptado?”.

En la edad adulta, sintió la necesidad imperiosa de saber quién era, por qué había llegado a España y, sobre todo, conocer a sus padres biológicos “para saber de quién había heredado mis rasgos faciales, incluso mi carácter”.

Más allá de lo emocional: la importancia del historial médico

La búsqueda de los orígenes no responde únicamente a una necesidad emocional. Beatriz subraya la importancia de conocer el historial médico familiar, un factor que puede ser crucial para la salud. “Es muy doloroso cuando además se ve afectada la salud física por no conocer el ADN”, confiesa. Para ella, fue especialmente duro al ser madre: “Con mi tercera hija ya fue como, perdona, ¿yo por qué no puedo rellenar la primera ficha de pediatría completa?”.

El detonante para Beatriz fue la muerte de su abuela adoptiva.

“Ese duelo de mi abuela, inconscientemente, me debió de conectar con mi primer duelo nada más nacer, que fue perder a mi madre”, reflexiona. Este dolor la impulsó a iniciar un proceso terapéutico con un psicólogo especializado en adopción.

Encuentros y reencuentros

La investigación de Beatriz la llevó hasta un cementerio en Santander, donde descubrió la historia de su familia biológica. Gracias a este proceso, logró contactar con ellos y hoy mantiene relación con su madre biológica y sus hermanos. El primer encuentro con su madre fue “muy impactante”, un espejo en el que por fin podía mirarse.

A los 23 años, Iván viajó a Moscú impulsivamente, sin apenas avisar a sus padres adoptivos.

El encuentro con su madre biológica fue “muy duro”. El orfanato donde vivió le ayudó a localizarla y mediar para que la reunión fuera posible.

Se encontró con una mujer a la que se parecía mucho, pero la conexión fue inexistente al principio. Lo describe como “hablar con una vendedora de flores a la que uno ha estado persiguiendo toda la vida”. Fueron necesarios diez años para reconstruir su relación.

Las razones detrás del abandono

Iván nunca preguntó directamente el porqué del abandono, pero lo sabe.

Su madre era una adolescente en una relación “que no pudo ser” y, aunque no tenía una mala situación económica, “decidió que la maternidad no le tocaba”. En el caso de Beatriz, el motivo fue similar, agravado por el estigma social de la España de 1971, donde ser madre sola equivalía a ser etiquetada como “una degenerada, una perdida”.

Resiliencia y esperanza

Ambos han transformado el dolor en resiliencia, construyendo puentes hacia sus orígenes. Sus testimonios, junto al de otros adoptados, forman parte del libro “Caminos de resiliencia”, de la asociación “La voz de los adoptados”. Son historias de vida que demuestran la necesidad humana de conocer y completar el primer capítulo de nuestra propia biografía.