Un joven con laminopatía desafía las expectativas con humor y fe

Un joven con laminopatía desafía las expectativas con humor y fe
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Un joven con laminopatía desafía las expectativas con humor y fe

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Andrés Marcio, de 22 años, padece laminopatía, una enfermedad rara que afecta a solo diez personas en España y a un centenar en todo el mundo. A pesar de las limitaciones físicas que impone esta condición, Andrés afronta la vida con filosofía, humor y una profunda fe.

Una actitud positiva frente a la adversidad

“Además de Dios, lo que me salva es el humor. Si me río de mis problemas es restarle importancia”, afirma Andrés, quien cursa tercer año de Periodismo y valora enormemente la compañía de sus amigos. Para él, un plan perfecto es disfrutar de una terraza con ellos, especialmente si están viendo un partido del Atlético de Madrid.

Retos y superación

Uno de los mayores desafíos para Andrés es el coste del transporte en taxi hasta la Facultad, que asciende a una considerable suma de dinero.

Sin embargo, este joven no se rinde y ha encontrado en las redes sociales una plataforma para concienciar sobre las enfermedades raras.

Sus vídeos, que cuentan con la colaboración de figuras como el seleccionador Luis de la Fuente y la Reina Letizia, siempre comienzan con el saludo característico “¡Ey tú!”. Esta idea, propuesta por un amigo, busca captar la atención del público.

Convivir con la laminopatía

La laminopatía es una enfermedad compleja que afecta a múltiples órganos y sistemas. Andrés describe su condición como “un mercadillo” debido a la variedad de síntomas que presenta, desde insuficiencia respiratoria e imposibilidad de sujetar el cuello, hasta movilidad reducida y un corazón que crece de tamaño, lo que aumenta el riesgo de arritmias malignas y muerte súbita.

A pesar de que la esperanza de vida para las personas con laminopatía suele ser de 18 años, Andrés ha superado con creces esta barrera. Aunque reconoce que hay días difíciles, se esfuerza por mantener una actitud positiva.

“Hay días que da rabia, pero pienso que me enfade o no o esté maldiciendo, la enfermedad va a seguir ahí, solo me queda aceptarla e intentar vivir con la mejor actitud posible, siendo feliz cada día”, recalca.

La muerte y la fe

Andrés es consciente de que la muerte es una posibilidad siempre presente en su vida, pero prefiere centrarse en exprimir al máximo cada momento. “Quiero vivir 500 años, pero como sé que estoy viviendo un regalo, me porto bien con todo el mundo, quiero mucho a mis amigos y mi familia y cuando me muera me iré en paz”, asegura.

Aunque no teme a la muerte, le entristecería no volver a ver a sus seres queridos o no poder seguir estudiando y trabajando. Su profunda fe le ayuda a confiar en el destino que Dios le tiene reservado. “Por la enfermedad y la vida que llevo nunca me he enfadado con Dios.

He estado al filo de la muerte, incluso mis padres se han tenido que despedir de mí, y en esos momentos no era consciente de que estaba mal, sentía una paz enorme, rezo todas las noches y hablo con Dios bastante y lo dejo en sus manos”.

Agradecimiento a sus padres y sueños de futuro

Andrés siente una profunda gratitud hacia sus padres, a quienes considera unos héroes por el cuidado y apoyo que le han brindado desde su infancia. “Han dado la vida por mí, se han matado a buscar médicos, hasta los siete años no supieron qué enfermedad tenía yo. Hasta los doce o trece años tuve un ingreso al mes por neumonías, he estado a punto de morir cada mes”, recuerda.

Con optimismo y determinación, Andrés está dispuesto a seguir enfrentando la vida y, si Dios lo permite, cumplir sus sueños, entre los que se encuentran casarse y formar una familia.