
CUATRO AÑOS DE GUERRA EN UCRANIA: LA VIDA BAJO LAS SIRENAS
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El 24 de febrero se cumplieron cuatro años desde que las alarmas antiaéreas resonaron en Kiev, marcando el inicio de la invasión rusa a gran escala. Aquella “operación militar especial” del Kremlin se ha transformado en una prolongada guerra de desgaste sin un horizonte de finalización claro.
En la capital ucraniana, la vida cotidiana está marcada por la incertidumbre, obligando a sus habitantes a adaptarse. “Viviendo tanto tiempo en estas condiciones, tienes que acostumbrarte, porque la vida sigue”, comenta Olena, profesora de español en la Universidad Lingüística de Kiev. Sin embargo, esta normalidad es frágil, dificultando la planificación a futuro debido a la constante amenaza.
Un invierno especialmente duro
El invierno reciente ha sido particularmente difícil.
Los ataques rusos a infraestructuras energéticas han provocado cortes de calefacción y electricidad, con temperaturas que han alcanzado los 20 grados bajo cero. Esta situación forzó a la universidad de Olena a retomar las clases online, ya que las residencias estudiantiles carecían de suministros básicos.
Aunque las alarmas son frecuentes, los ciudadanos han aprendido a discernir el nivel de peligro. “Si son drones ya no da tanto miedo, pero si son misiles balísticos, la gente prefiere esconderse en los refugios”, explica Olena. Esta adaptación al peligro también afecta a las familias con seres queridos en el frente de batalla.
Olena tiene un hijo luchando y, aunque mantienen contacto, es consciente de que no puede compartir toda la información por seguridad y para evitar preocupaciones.
Pocas esperanzas de paz
La esperanza de una paz cercana es mínima. Olena se muestra escéptica sobre las recientes negociaciones impulsadas por Donald Trump, considerándolas “una farsa, un espectáculo para un espectador solo, para no enfadar a Trump”. Existe la percepción generalizada de que el presidente ruso no tiene intención de detenerse. “¿Cómo podemos ver la paz si Putin no tiene ganas de terminar la guerra?
Su objetivo es que desaparezca nuestro país”, afirma.
Consecuencias devastadoras
El conflicto ha dejado una profunda cicatriz. La ONU ha verificado más de 15.000 muertes civiles y 41.000 heridos. La invasión generó la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 6 millones de personas desplazadas. Imágenes como las de la masacre de Bucha en abril de 2022 revelaron la brutalidad de la guerra.
Actualmente, Rusia controla aproximadamente el 18% del territorio ucraniano, incluyendo Crimea.
A pesar de todo, el espíritu de resistencia persiste. Olena no se plantea abandonar Ucrania de forma permanente, solo sale “para respirar un poco el aire sin alarmas y para cargar las baterías”. Su determinación refleja la de muchos ucranianos que, cuatro años después del inicio de la invasión, continúan luchando por su supervivencia y la de su país, en un conflicto que ha alterado la seguridad en Europa y cuyo desenlace aún es incierto.












