RUSIA Y LA GUERRA EN UCRANIA: ENTRE LA INDIFERENCIA Y LA CONVICCIÓN DE LA RENDICIÓN

RUSIA Y LA GUERRA EN UCRANIA: ENTRE LA INDIFERENCIA Y LA CONVICCIÓN DE LA RENDICIÓN
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RUSIA Y LA GUERRA EN UCRANIA: ENTRE LA INDIFERENCIA Y LA CONVICCIÓN DE LA RENDICIÓN

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En el cuarto aniversario de la invasión rusa a Ucrania, el apoyo a las negociaciones de paz en Moscú ha disminuido drásticamente, mientras que las regiones más remotas y empobrecidas de Rusia sufren la mayor pérdida de vidas de soldados.

El invierno en Moscú y la guerra distante

Moscú experimenta uno de los inviernos más severos en décadas. La mayoría de los rusos se oponen a cualquier concesión de Vladímir Putin a Volodímir Zelenski y creen que el conflicto debe terminar con la rendición de Kiev. Un estudio reciente del Centro Levada reveló que solo el 21% de los encuestados apoya la reducción de las exigencias del Kremlin para detener las hostilidades.

Serguéi, un empleado de una importante petrolera, opina que los acuerdos de paz son solo un respiro temporal y que la guerra solo terminará con la rendición de una de las partes. Vera, una jubilada, considera que devolver las regiones ucranianas ocupadas sería una traición a sus habitantes, quienes confían en que ya forman parte de Rusia.

Denis Volkov, director del Centro Levada, atribuye esta postura a un “malentendido” de las causas de la invasión, donde la opinión dominante es que Rusia intervino para proteger a la población rusoparlante. Vladímir Zvonovski, presidente de la Fundación para la Investigación Social, señala que la narrativa geopolítica de “cuanto más territorio, mejor” está muy extendida en Rusia, por lo que cualquier cesión se vería como una derrota.

Optimismo militar y fatiga de guerra

Un veterano de la guerra en Ucrania con grado de oficial superior espera un acuerdo de paz que otorgue al Kremlin el control absoluto del Donbás, Jersón y Zaporiyia, pronosticando que Kiev se verá obligado a intercambiar las áreas que aún controla de estas regiones para recuperar territorios ocupados por Rusia. Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha llevado a que aproximadamente dos de cada tres rusos apuesten por una salida negociada al conflicto, lo que Volkov interpreta como un signo de “fatiga de guerra”.

A pesar de la fatiga, el 59% de los encuestados apoya la intensificación de los ataques contra Kiev, incluso con “armas nuevas”, si no se logra la paz. Guennadi, un jubilado moscovita, lamenta que no se haya “acabado con una lluvia de bombas” sobre las posiciones militares ucranianas.

Desconexión y distancia en Moscú

En Moscú, la guerra se percibe de manera diferente, limitada a anuncios de reclutamiento en el transporte público o en vallas publicitarias que buscan operadores de drones. El conflicto a menudo se vive a través de imágenes de drones que circulan por Telegram, mostrando ataques a soldados enemigos.

Esta distancia puede explicar por qué el rechazo a las negociaciones es del 52% en Moscú, significativamente más alto que el promedio nacional. Volkov señala que las acciones militares son “prácticamente imperceptibles” en la capital, donde la mayoría de los residentes creen que la guerra apenas les ha afectado. Además, la ciudad se ha vuelto “progubernamental” desde la invasión, con muchos funcionarios estatales residiendo allí y opositores al Kremlin habiendo abandonado el país.

La carga desigual de la guerra: ¿quién pone los muertos?

Moscú tiene la tasa de mortalidad en el frente más baja del país. Las regiones de Tuvá y Chukotka, en cambio, presentan una ratio mucho mayor, con un soldado fallecido por cada 200 habitantes. Un estudio de The Bell sugiere que las tasas de mortalidad están directamente relacionadas con la pobreza regional, incentivando el alistamiento en las Fuerzas Armadas para obtener salarios más altos.

Maria Viushkova, científica de etnia buriata, argumenta que detrás de estas desigualdades se esconde la voluntad del Kremlin de “minimizar los riesgos políticos de esta guerra”, evitando que las muertes recaigan en las grandes ciudades o zonas consideradas “políticamente peligrosas”.

La Rusia invisible y el peso de la guerra

Viushkova afirma que el Kremlin ha desplazado “la carga de las muertes” a la Rusia “invisible”: presos, migrantes, personas sin hogar, pobres de regiones remotas y minorías étnicas, grupos sociales “que no importan a nadie” y que se ven arrastrados a luchar “por desesperación”.

En estas áreas empobrecidas y alejadas del centro político, el malestar es evidente, con expresiones de descontento con el liderazgo militar ruso en las redes sociales. También se teme por la extinción de ciertas etnias, como la buriata, cuya población se ve diezmada por la guerra.

Viushkova concluye que “en Rusia, uno de los efectos secundarios de ser una persona indígena y no blanca es que tienes más probabilidades de morir en esta guerra”. Un conflicto que, tras más de cuatro años, ha cobrado cientos de miles de vidas y cuyo final aún no se vislumbra.