
NUEVA NORMA FORAL DE MONTES EN BIZKAIA: UN PASO HACIA LA GESTIÓN FORESTAL DEL SIGLO XXI
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La Diputación Foral de Bizkaia está impulsando una profunda modernización de su gestión forestal con la tramitación de una nueva Norma Foral de Montes. Este nuevo marco legal, que reemplazará la legislación vigente desde 1994, busca dar respuesta a los desafíos del siglo XXI en un territorio donde el monte ocupa aproximadamente el 70% de la superficie total.
Una actualización necesaria frente a los nuevos desafíos
La diputada de Medio Natural y Agricultura, Arantza Atutxa, ha señalado en repetidas ocasiones la necesidad de esta actualización, aprobada en el Consejo de Gobierno a finales de 2025 y actualmente en fase de debate en las Juntas Generales de Bizkaia. La normativa actual, con más de tres décadas de antigüedad, ya no se ajusta adecuadamente a las transformaciones experimentadas en el sector.
El contexto ha cambiado radicalmente en estas tres décadas: el cambio climático ha provocado veranos más secos e intensos, aumentando el riesgo de incendios; la bioeconomía está ganando terreno como modelo de desarrollo sostenible; y la sociedad exige una gestión del territorio que equilibre la conservación ambiental, el uso recreativo y la generación de actividad económica.
“Era necesaria una nueva norma para una planificación más clara, más ordenada y actualizada a las necesidades actuales”, ha explicado Arantza Atutxa, subrayando que el proceso ha sido “largo y participativo”.
Un proceso participativo para una gestión multifuncional
El proyecto normativo se ha gestado durante varios años a través de un amplio diálogo con los agentes implicados: asociaciones forestalistas, colectivos ecologistas, propietarios privados de montes, industrias madereras y representantes municipales.
La diputada reconoce que “hay muchas partes implicadas y distintos intereses que confluyen”, e insiste en que el monte no debe ser visto como un espacio de confrontación entre lo ambiental y lo económico, sino como un “recurso multifuncional” que aporta beneficios simultáneos en tres ámbitos: ambiental, social y económico.
Los bosques vizcaínos albergan una rica biodiversidad, contribuyen a la regulación climática capturando carbono, purifican el aire, previenen la erosión del suelo, ofrecen espacios de esparcimiento cada vez más valorados por la ciudadanía y refuerzan la identidad cultural vasca.
Al mismo tiempo, generan empleo directo e indirecto, suministran madera y derivados para la construcción, la energía, la industria papelera e incluso la farmacéutica, y proporcionan ingresos a numerosos municipios que revierten esos rendimientos en servicios públicos locales. “El monte es sustento para muchas comunidades”, enfatiza Atutxa.
Equilibrio como eje central de la nueva norma
Precisamente por esa multifuncionalidad, la nueva norma pone el equilibrio como eje central.
Se busca evitar el abandono de los montes —lo que agrava los incendios—, sin sacrificar la protección ambiental, ni los valores culturales y sociales. “Tenemos que buscar el equilibrio entre la actividad económica, que nos evite el abandono y el riesgo de incendio, y el equilibrio medioambiental necesario para el futuro de Bizkaia”, resume la diputada.
Principales novedades del texto
Entre las principales novedades del texto destaca una estructura jerárquica de planificación forestal, adaptada a la longevidad de los bosques vizcaínos (con ciclos medios de unos 30 años, aunque algunas especies alcanzan los 80).
- En el nivel superior se sitúan las Directrices de Ordenación Forestal, de carácter general y aprobadas por las Juntas Generales, que marcan objetivos e indicadores en materia de silvicultura.
- A escala comarcal se elaborarán Planes de Ordenación de Recursos Forestales, que analizarán los montes, usos, aprovechamientos, caminos y aspectos jurídico-administrativos para definir qué especies plantar o gestionar en cada zona.
- Finalmente, en el nivel más operativo aparecen los Planes de Gestión Forestal Sostenible individuales para cada monte, adaptados a las directrices generales y comarcales.
Otra incorporación novedosa es el reconocimiento explícito de los servicios ecosistémicos que prestan los bosques. La norma pretende “internalizar” estos beneficios y explorar mecanismos que recompensen su mantenimiento, especialmente en los montes de titularidad privada —que representan una gran proporción del territorio forestal vizcaíno—.
“Es importantísimo poner en valor el esfuerzo que hace la propiedad privada para proveernos a todos de esos recursos”, señala Atutxa.
Prevención de incendios y simplificación administrativa
La prevención de incendios forestales ocupa un lugar destacado, sobre todo tras los episodios de los últimos veranos. Se establecen medidas técnicas más estrictas: distancias de seguridad, reducción de materia combustible, obligaciones de gestión en terrenos abandonados y refuerzo de la vigilancia para mitigar los efectos agravados por el cambio climático.
Además, se mantiene la prohibición de cambio de uso en suelos quemados, una salvaguarda clave.
Por último, la norma apuesta por la simplificación administrativa y la digitalización de trámites, la regulación más clara del pastoreo extensivo y la agilización de autorizaciones, todo ello para facilitar una gestión más eficiente sin perder rigor ambiental.
Horizonte temporal
El calendario previsto apunta a que la norma definitiva podría aprobarse en primavera de 2026, tras el periodo actual de alegaciones ciudadanas, enmiendas de grupos y debate parlamentario. “Esperamos que para primavera tengamos la norma definitiva, con suficiente consenso para aplicarla con seguridad”, indica Atutxa. Dado que afecta a más de 130.000 hectáreas de suelo forestal (cerca del 60-70% del territorio histórico), su aprobación marcará un antes y un después en la relación de Bizkaia con sus montes.













