
La economía española: ¿crecimiento real o espejismo estadístico?
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El analista económico Marc Vidal ha puesto en tela de juicio el crecimiento económico español, desglosando las diferencias entre el Producto Interno Bruto (PIB) nominal y el real. Según Vidal, aunque el Gobierno proyecta un aumento nominal del 5,7% para 2025, el crecimiento real, descontando la inflación, se sitúa en un 2,8%, una discrepancia significativa que, en su opinión, “explica mucho seguramente de lo que nos pasa”.
El factor demográfico: ¿diluyendo el crecimiento?
Vidal profundizó en su análisis al introducir el factor del crecimiento poblacional, que rondó el 1% en el último año. Al dividir el crecimiento real por el aumento de la población, el resultado se reduce a una mejora individual del 1,8%. Esto sugiere que una parte considerable del crecimiento económico percibido no se traduce en una prosperidad real para cada ciudadano.
Inflación versus prosperidad
El analista fue tajante al afirmar que “más de la mitad del crecimiento aparente es simplemente que todo cuesta más caro”.
En otras palabras, lo que se presenta como un avance económico es, en realidad, un encarecimiento generalizado de la vida, algo que calificó como “encarecimiento con buena prensa”.
PIB per cápita: la métrica clave
Para Vidal, el indicador más relevante es el PIB per cápita, que refleja la riqueza promedio por persona. Un aumento del 1,8% en este indicador no es suficiente para generar un cambio sustancial en la calidad de vida de los ciudadanos. “El 1,8 por 100 no transforma estructuralmente, vamos, ningún país”, sentenció.
España en el contexto europeo
A pesar de que España se presenta como uno de los países con mayor crecimiento en Europa, Vidal recordó que el país “sigue en torno al 91% de la media europea en paridad de poder adquisitivo”, lo que implica que produce “menos riqueza por habitante que el promedio de la Unión Europea”.
Pilares poco sólidos
Vidal atribuye este peculiar crecimiento a pilares poco firmes, como el “gasto público financiado con deuda, turismo masivo, incremento poblacional y, sobre todo, estímulos temporales de Europa”. Esta combinación, según el analista, “infla la cifra, pero la productividad no mejora”.
Productividad y salarios: la conexión ausente
La advertencia final de Vidal fue clara: sin un aumento de la productividad, será imposible mejorar los salarios.
Además, planteó una pregunta sobre la sostenibilidad de este modelo: “¿Un país puede aparentar que avanza mientras el andamiaje estadístico se sostiene, pero hay un día que deja de soportarlo, y adivina quién va a tener que desmontarlo?”.












