
El 'Anillo de la Princesa': Descubre la Isla Volcánica Única en las Azores
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El archipiélago de las Azores, un conjunto de nueve islas volcánicas en el Atlántico, ofrece una notable diversidad geográfica. São Miguel, la isla más grande, destaca por sus contrastes: montañas, llanuras costeras y áreas de gran interés natural, atrayendo a visitantes con su paisaje y biodiversidad. La isla combina la geología volcánica con núcleos urbanos, playas y zonas protegidas.
Frente a la costa sur de São Miguel se encuentra el islote de Vila Franca do Campo, una formación natural que capta la atención por su singularidad. Esta pequeña isla emergida es parte del paisaje costero y contribuye a la protección de los recursos naturales del archipiélago, sirviendo como punto de referencia turístico y ejemplo de la interacción entre el relieve volcánico y el océano Atlántico.
São Miguel fusiona patrimonio, naturaleza y ocio, permitiendo a los visitantes explorar tanto entornos urbanos como paisajes naturales. La isla ofrece rutas variadas que incluyen áreas protegidas, miradores, playas y sitios históricos, proporcionando una experiencia completa que combina la observación de la geografía volcánica con cultura, historia y actividades al aire libre.
El Islote de Vila Franca do Campo: Un Legado Volcánico
Aproximadamente a un kilómetro de la costa sur de São Miguel, frente a Vila Franca do Campo, se encuentra el Islote de Vila Franca do Campo, una formación de seis hectáreas que representa la parte emergida de un antiguo volcán submarino.
Su origen se remonta a una erupción de hace unos 4,000 años. Con el tiempo, la acción del Atlántico y la erosión transformaron el cono volcánico en una estructura casi circular, conocida como el ‘Anillo de la Princesa’, que se percibe como un anillo de tierra que rodea una laguna.
La morfología actual es resultado del colapso parcial del cráter y la erosión marina. Los restos del cono delimitan dos sectores, islote grande e islote pequeño, separados por un estrecho canal que se abre hacia el norte, en dirección a la isla principal. Esta abertura, tallada en roca basáltica, permite la entrada y salida del agua, reduciendo el impacto directo del oleaje en el interior.
En el centro se forma una laguna de unos 150 metros de diámetro. Las paredes naturales del cráter actúan como barrera frente al oleaje, generando condiciones de mayor estabilidad. La transparencia de las aguas, característica de las Azores, también se aprecia en este espacio protegido, destinado al baño y actividades como snorkel y buceo durante el verano.
Declarado Reserva Natural en 1983 y parte del Parque Natural de São Miguel desde 2008, el acceso al islote está regulado y solo es posible en temporada a través de embarcaciones autorizadas desde el puerto de Vila Franca do Campo. Se establece un cupo máximo diario de visitantes para preservar el entorno, donde conviven vegetación adaptada al sustrato volcánico, aves marinas y especies que encuentran refugio en la laguna. Además de su uso recreativo, el enclave ha sido sede de competiciones internacionales de saltos desde acantilados.
Vila Franca do Campo: Patrimonio y Paisaje
La visita al islote se complementa con un recorrido por São Miguel, especialmente por Vila Franca do Campo, la ciudad situada frente a la formación volcánica. Fundada en el siglo XV, es la localidad más antigua de la isla y fue su primera capital. Su origen pesquero se refleja en la actividad del puerto y la marina, punto de partida de las embarcaciones hacia la reserva natural.
La historia del municipio estuvo marcada por el terremoto de 1522, que destruyó gran parte del asentamiento y provocó el traslado de la capital insular a Ponta Delgada. Tras la reconstrucción, la villa mantuvo su relevancia histórica, conservando un casco antiguo con edificios religiosos y civiles de distintas épocas, como la iglesia matriz, levantada en el siglo XVI tras el seísmo.
A unos cuatro kilómetros del centro urbano, en una elevación que domina la costa sur, se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Paz. El templo, anterior a 1522 y reconstruido en el siglo XVIII, cuenta con una escalinata monumental que conduce al santuario y funciona como mirador sobre la villa y el litoral, apreciándose la relación entre el relieve volcánico y el océano.
El casco histórico también incluye jardines como el Jardim António da Silva Cabral, el jardín Antero de Quental y el Parque da Vila. Vila Franca do Campo es conocida por las “queijadas da Vila”, un dulce tradicional asociado a la localidad.
La isla de São Miguel ofrece diversas playas, como Praia da Vinha da Areia, Praia Corpo Santo y Praia do Poço Largo, que complementan la oferta de patrimonio y naturaleza del municipio. La combinación de historia, paisaje costero y espacios de baño convierte a esta zona en una parada habitual en los itinerarios por São Miguel.













