
Consumo de alcohol en menores: Málaga en alerta ante el inicio cada vez más temprano
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El consumo de alcohol en menores de edad se ha convertido en una problemática creciente en Málaga, generando preocupación por sus riesgos para la salud, el rendimiento escolar y la seguridad. La Policía Local, a través de su Grupo de Investigación y Protección (GIP), está implementando estrategias de prevención, control y acompañamiento para abordar esta tendencia que se detecta a edades cada vez más tempranas.
Un cambio en los patrones de consumo
Según el oficial Alejandro Márquez, agente tutor del GIP, se ha observado un cambio en los patrones de consumo. “Hemos detectado que a partir de los 12 años ya se está viendo un consumo más habitual de lo que se esperaba”, afirmó. Esta detección temprana ha llevado a la creación de un plan de actuación específico dentro del programa agente tutor, enfocado en charlas y coloquios en los centros de educación secundaria.
Estrategias de prevención en los institutos
El trabajo preventivo en los institutos es fundamental.
En estas charlas, se busca concienciar a los adolescentes sobre los peligros del alcohol y desmontar “falsos mitos”, como la creencia de que ayuda a desinhibirse o a evadir problemas. El objetivo es prevenir conductas de riesgo que puedan manifestarse en la vía pública, afectando su salud, seguridad y la de los demás.
Un tema recurrente en las charlas es la peligrosa combinación del alcohol con los vehículos de movilidad personal, como los patinetes eléctricos. Para comprender las motivaciones de los menores para beber, la policía utiliza cuestionarios anónimos. Los resultados revelan que muchos jóvenes beben por presión social, para “sentirse dentro de un grupo de iguales”.
La cara fea del alcohol
Otras motivaciones incluyen desinhibirse para intentar ligar, buscar un estado de euforia o ganar una falsa sensación de seguridad.
Para impactar a los jóvenes, se muestra “la cara fea del alcohol”, presentando documentación e imágenes de accidentes reales y abordando las graves consecuencias del consumo desmesurado, incluyendo delitos de índole sexual.
Comunicación con los padres
La comunicación con los padres es crucial. Cuando los agentes detectan a menores consumiendo alcohol en la vía pública, actúan directamente. Si la integridad física del menor está comprometida, lo trasladan a su domicilio. En casos de consumo detectado sin intoxicación grave, se levanta un acta y se envía una carta a los padres, ofreciéndoles la posibilidad de contactar con los agentes para ampliar la información.
El oficial Márquez insiste en la importancia del ejemplo en casa, ya que los patrones familiares influyen en los hijos.
“Lo que los menores ven, lo hacen, y el patrón a seguir es la casa”, asegura. Sin embargo, la reacción de los padres no siempre es la esperada, con casos en los que la preocupación principal es la multa y no la conducta de riesgo del menor.
Botellón, DNI falsificados y vigilancia en establecimientos
A pesar de los esfuerzos, el botellón sigue siendo una práctica presente en Málaga, aunque en menor medida. Los menores también recurren a DNI falsificados o alterados para acceder a locales de ocio, acciones que pueden acarrear consecuencias penales. La policía ha intensificado las campañas de vigilancia sobre establecimientos que venden alcohol a menores, con posibles cierres preventivos y sanciones económicas.
Ciberpatrullaje y consecuencias del consumo
Las redes sociales son una herramienta de doble filo.
Los menores “lo cuentan todo”, lo que permite a la policía realizar “ciberpatrullaje” y detectar convocatorias para fiestas que se descontrolan. La sanción por consumir alcohol en la calle puede ascender a 100 euros, aunque el objetivo principal es educativo, con la posibilidad de conmutar la multa por charlas de concienciación.
Finalmente, el oficial Márquez advierte sobre el abandono de amigos en estado de intoxicación etílica grave, un acto que podría constituir un delito de omisión de socorro y que deja a la víctima en una situación de vulnerabilidad extrema.












