¿Es la Generación Z menos inteligente que sus padres? Un análisis del controvertido debate

¿Es la Generación Z menos inteligente que sus padres? Un análisis del controvertido debate
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¿Es la Generación Z menos inteligente que sus padres? Un análisis del controvertido debate

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Un neurocientífico australiano, Jared Kunny Jorbath, ha generado controversia al afirmar que la Generación Z podría ser la primera en la historia con un nivel cognitivo inferior al de sus padres. Este tema ha sido objeto de debate, con expertos analizando si realmente estamos experimentando un declive en las capacidades intelectuales.

El fin del efecto Flynn

Durante gran parte del siglo XX, se observó el llamado efecto Flynn, que mostraba que cada generación superaba a la anterior en las pruebas de inteligencia. Sin embargo, Bianca Thoilliez, profesora de Teoría de la Educación, señala que este efecto parece haberse detenido o, al menos, ha dejado de ser constante.

Según datos de diversos países occidentales, las curvas de cociente intelectual se han estancado desde mediados de la década de 2000 y, en algunos casos, incluso han disminuido. Esto sugiere un cambio en la tendencia que se venía observando.

¿Miden las pruebas lo mismo a lo largo del tiempo?

Un aspecto crucial es determinar si las pruebas de inteligencia miden las mismas habilidades a lo largo del tiempo.

Un estudio reciente con datos noruegos reveló que las fluctuaciones en las puntuaciones no siempre reflejan cambios en la inteligencia general. El aumento significativo del siglo XX se centró en el razonamiento abstracto, mientras que el descenso reciente se concentra en vocabulario y cálculo.

Thoilliez introduce el concepto de “invarianza de medida”. Si una prueba no mide el mismo constructo de inteligencia en diferentes momentos, comparar generaciones sería problemático. Esto no niega los cambios, pero exige precaución al hablar de un declive cognitivo global.

Un estudio preocupante

Un estudio reciente comparó muestras de 2005 y 2024 utilizando pruebas que garantizaban la “invarianza de medida”.

Los resultados fueron preocupantes: aunque las puntuaciones en subpruebas concretas podían variar, el peso del “factor g”, que representa la inteligencia general, había disminuido.

Esto significa que las distintas capacidades, como la verbal, numérica, espacial y memorística, estarían hoy menos relacionadas entre sí que hace 20 años. En otras palabras, ser bueno en una habilidad ya no predice con tanta seguridad el rendimiento en otras.

El impacto del entorno

El cerebro humano no evoluciona en 20 años, pero sí se adapta a su entorno. Si en el siglo XX el entorno fomentaba la lectura, el cálculo y la memorización, el entorno actual es muy diferente. “Vivimos rodeados de herramientas que nos permiten liberarnos de funciones y tareas cognitivas”, afirma Thoilliez.

Herramientas como el GPS, la agenda de Google o el corrector automático nos ahorran tiempo y energía, pero esto puede reducir nuestra práctica cotidiana de ciertas habilidades cognitivas, entrenamientos que antes se ejercitaban de forma inconsciente.

Un paralelismo con el esfuerzo físico

Thoilliez establece un paralelismo con el esfuerzo físico.

La tecnología nos liberó de tareas agotadoras y pasamos de luchar contra la escasez a luchar contra el exceso, como la obesidad y el sedentarismo, lo que dio lugar a los gimnasios. Con la inteligencia podría ocurrir algo similar.

Conclusiones

En un mundo que nos facilita todo mentalmente, la inteligencia dejará de desarrollarse sola. “Quizá no estemos condenados a ser más tontos, pero lo que antes nos venía dado por exigencias del entorno, ahora va a ser un poco responsabilidad nuestra y quizá responsabilidad social de cuidarlo y entrenarlo”. La clave reside en ser conscientes de la necesidad de ejercitar nuestras capacidades cognitivas en un entorno que ya no nos exige hacerlo de forma natural.