
Yolanda Díaz renuncia a ser la candidata de la izquierda confederal
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Yolanda Díaz ha anunciado que no será la candidata de la izquierda en las próximas elecciones generales de 2027. La vicepresidenta segunda del Gobierno hizo el anuncio a través de una carta publicada en sus redes sociales, poniendo fin a un ciclo que comenzó en 2021 cuando Pablo Iglesias la designó como líder de Unidas Podemos. Su legado principal será haber logrado unir a toda la izquierda en una misma alianza el 23 de julio, permitiendo así la revalidación del gobierno de coalición.
“Miro atrás y estoy orgullosa de todo lo que hemos conseguido”, expresó Díaz en su misiva, añadiendo que aún queda mucho por hacer y que la tarea pendiente es “ganar el país”.
Compromiso con el Gobierno y la nueva coalición
A pesar de su renuncia a la candidatura, Díaz mantendrá sus cargos en el Gobierno hasta el final de la legislatura, enfocándose en su trabajo como ministra de Trabajo. En su carta, defendió su gestión al frente del ministerio, destacando los logros obtenidos “con humildad, trabajo y un enorme esfuerzo”, y resaltando que se consiguió lo que muchos consideraban imposible.
Con esta decisión, Díaz consolida de alguna manera la dimisión que anunció en junio de 2022 tras las elecciones europeas, cuando se apartó del liderazgo orgánico de la coalición Sumar.
“Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata”, reconoció Díaz, aunque afirmó no arrepentirse de haber dado un paso al frente. Subrayó que continuará trabajando en el Ministerio de Trabajo y aportando a la nueva coalición.
Díaz recordó que dio el paso para encabezar Sumar en 2023, impulsada por el apoyo de los trabajadores y trabajadoras del país. Afirmó que sin Sumar no habría gobierno de coalición y que lograron revalidar un gobierno que todas las encuestas daban por perdido. Enfatizó que seguirá trabajando en el Gobierno para cumplir con ese mandato de las urnas y avanzar en todo lo que queda por hacer.
El futuro de la izquierda confederal
En su carta, la vicepresidenta también se refirió a la conversación iniciada por Gabriel Rufián sobre una candidatura que incorpore a la izquierda independentista. Díaz expresó que, mientras el Gobierno sigue trabajando, se abren nuevos caminos para revitalizar el espacio progresista. Se mostró optimista ante el debate abierto por Rufián y la confirmación de la fortaleza del espacio que Sumar puso en pie, con vocación de mayorías y voluntad de acuerdo y avance social.
Díaz se compromete a dar espacio a los partidos para que sigan trabajando en la línea que emprendieron desde el pasado verano, acompañándolos, cuidándolos e impulsándolos con toda su energía. Además, reafirmó su compromiso de cuidar el Gobierno de coalición progresista, considerándolo la mejor herramienta para seguir ganando derechos.
“Me siento muy orgullosa de lo que hemos hecho, pero soy consciente de que queda mucho por hacer. La tarea pendiente es ganar el país”, concluyó Díaz.
El legado de la coalición del 23J
Yolanda Díaz culmina un período complicado al frente del espacio de la izquierda, primero con Unidas Podemos y después con la construcción de su propio proyecto, Sumar. Queda la estructura orgánica que creó como partido instrumental, Movimiento Sumar, que hoy es una más de las fuerzas de la nueva coalición para las próximas generales.
La vicepresidenta segunda asumió el cargo después de un período exitoso como ministra de Trabajo. Iglesias la designó como su sucesora cuando dejó el Gobierno para competir en la Comunidad de Madrid contra Isabel Díaz Ayuso, en 2021.
Sin embargo, Díaz pronto utilizó su liderazgo para construir un proyecto propio, lo que la fue distanciando de Podemos y de su antecesor y amigo, Pablo Iglesias. Para cuando llegaron las elecciones generales, las relaciones estaban totalmente deterioradas y el partido de Ione Belarra terminó aceptando entrar en la coalición a regañadientes, presionado por los estrechos márgenes electorales que provocó Pedro Sánchez al convocar de forma anticipada las generales.
Yolanda Díaz consiguió una unidad que nació con tensiones internas. Las primeras diferencias entre Podemos y el resto de partidos de Sumar surgieron al inicio de la legislatura, cuando el partido de Belarra se quedó sin portavocías en el grupo parlamentario en detrimento de fuerzas más pequeñas.
El punto culminante de la ruptura se produjo en la formación del Gobierno. Podemos había puesto la repetición de Irene Montero como ministra de Igualdad como condición para entrar en el nuevo Ejecutivo de coalición. Yolanda Díaz ofreció a Nacho Álvarez como ministro de Derechos Sociales, pero Belarra rechazó la propuesta. Álvarez dejó la política y Podemos quedó fuera del nuevo Gobierno.
Los problemas de Yolanda Díaz como líder del espacio continuaron a pesar de la marcha de Podemos. Su equipo intentaba construir un frente de partidos que incluyera a la militancia propia de Sumar y también al resto de formaciones políticas, pero ese proceso generó multitud de enfrentamientos con Izquierda Unida y Más Madrid, también con Compromís.
Todas estas tensiones se manifestaron en la conformación de las listas electorales para las europeas, donde los principales partidos de la coalición peleaban por conseguir un puesto de salida. Demasiados partidos para pocos puestos provocaron una crisis total en el espacio, que se profundizó tras los resultados, con Izquierda Unida fuera del Parlamento Europeo por primera vez desde su nacimiento.
Esta situación llevó a Yolanda Díaz a dimitir como líder orgánica de Sumar para centrarse en su labor de Gobierno, donde había cosechado hasta entonces todo su capital político. Su salida facilitó el reencuentro entre las formaciones del grupo parlamentario y de Sumar en el Gobierno. Estas relaciones han ido mejorando hasta culminar en el acto del 21 de febrero, del cual la vicepresidenta se ausentó, dando pistas de sus próximos movimientos: “Es el tiempo de las formaciones políticas”.
Ahora los partidos tendrán que lidiar con la ausencia de un liderazgo claro. Con la salida de su principal referente desde hace cinco años, el espacio de la izquierda necesita una o varias caras para potenciar la papeleta que vote el electorado progresista en las próximas generales.













