
¿Por qué no está invitado Roca Rey, protagonista de 'Tardes de soledad', a la gala de los Goya?
El director catalán se ha arrimado a la tauromaquia «con respeto e inocencia, sin prejuicios ni provocaciones» en un rodaje en el que se acercó como nunca a la parca. Así lo comentaba en la entrevista concedida a ABC: «Nunca había trabajado tan cerca de la muerte, es impresionante». «Muy atrevido en la pantalla», confesaba que había pasado «mucho miedo en la plaza, tenía que taparme los ojos». Logró Serra lo imposible: poner un micrófono inalámbrico al torero mientras se jugaba la vida delante del toro: «Es una cosa extraña de explicar y sería una larga discusión, pero es un poco como aquello que dicen del toro y crecerse en el castigo, pues el actor o la persona que se sabe filmada se puede crecer en el castigo.
A pesar de la presión de sentirse grabado, puede llegar a transformarlo en algo que no habría aparecido ni emergido jamás». Por lo que sea, no está nominada a mejor sonido. Tampoco a fotografía, música o montaje, como lamentaba Oti Rodríguez Marchante la semana pasada.Noticia relacionada general No No El milagro del toreo en el Vaticano: Roca Rey regala al Papa un capote de paseo Rosario PérezContaba también el director de ‘Tardes de soledad’ –ganadora de la Concha de Oro de San Sebastián– que se identificaba con Roca Rey: «Se refleja la soledad, con Roca Rey tan hermético, como un compromiso muy serio, casi como un compromiso formal. Me identifico mucho con él, es como si no le importase lo que le pase; no es que sea un suicida, sino que siempre que va es para dar lo máximo».Precisamente el primer Goya de Honor del cine español lo ganó un torero.
Se llamaba Pepe Fernández Aguayo (hijo del famoso fotógrafo Baldomero)Sorprende, por tanto, la no invitación al Cóndor limeño a la gala de los Goya, como si los de luces provocaran urticaria a aquellos que «gobiernan» la alfombra roja. Aunque quizá muchos no sepan que precisamente el primer Goya de Honor del cine español lo ganó un torero. Se llamaba Pepe Fernández Aguayo (hijo del famoso fotógrafo Baldomero), director de fotografía de clásicos como Currito de la Cruz y, sobre todo, apasionado de la Fiesta hasta el punto de vestirse de luces en 1927 en la plaza de Madrid con el apodo de Tabernerito. Así lo recuerda Federico Arnás en su libro ‘¡Qué sabré yo…
de toros!’.No estará Roca Rey (salvo que un gesto de última hora impere) en la alfombra del cine, pero sí en la pantalla y en las imágenes del documental nominado por partida doble. Una película que, según subraya ‘The New Yorker’, debería figurar también en los Oscar. Según su crítico de cine, Richard Brody, es una obra «estupenda» que se ha ignorado, que «se ha perdido». Dice que «mirar a Andrés Roca Rey en el ‘ring’ (en la arena) es como mirar a un bailarín que mira a la muerte en cada paso; es una película con sangre, pero a la vez terriblemente bella».«Es tanta la verdad delante del toro que no se puede ser torero y actor al mismo tiempo» Albert Serra CineastaBelleza rebosa ‘Tardes de soledad’, en la que el cine de Serra, como el toreo, tenía un misterio que decir.
«Es verdad eso de que hay un misterio que decir. Me esforcé por desvelarlo y no lo conseguí; entonces, es garantía de que el misterio es verdadero. Estamos hablando de Roca Rey, que ya de por sí es un ser bastante misterioso. De hecho yo lo he grabado mucho y poca gente lo ha estudiado tanto en la plaza.
Quizá soy el máximo experto en Roca Rey que puede haber porque nadie ha tenido tanto acceso, pero el misterio continúa allí vivo».Un misterio es el toreo, un misterio puede ser el cine y un misterio –o tal vez no tanto– la no invitación a Andrés Roca Rey a los Goya en la mismísima Cataluña, la arena prohibicionista de las corridas de toros. Perdonen, pero aquí nada parece casualidad. Qué pena, porque Roca Rey, bajo la mirada del genio Serra y sin dobles en la ‘interpretación’ («es tanta la verdad delante del toro que no se puede ser torero y actor al mismo tiempo» (Serra dixit), ha demostrado que el toreo y el cine pueden danzar en la misma arena. Pero para eso la Academia, la de las invitaciones a los de la chapa y la banderita, tendría que haber sacudido complejos y lidiar con valentía.













