
Kiara, la agente canina de la Guardia Civil que detecta explosivos y participó en los Juegos Olímpicos de París
La unidad canina de la Guardia Civil en Ciudad Real se ha convertido en un apoyo fundamental en la lucha contra el tráfico de drogas, la detección de explosivos y la búsqueda de personas desaparecidas. Al frente se encuentra el cabo Francisco Javier Vicente, guía canino, quien junto a su perra Kiara, un pastor belga Tervueren, revela el trabajo diario de estos agentes de cuatro patas.
La misión principal del servicio cinológico, como se conoce oficialmente, es dar apoyo a otras unidades.
Según explica el cabo, sus actuaciones más frecuentes son los controles en vías de comunicación para inspeccionar vehículos y personas, así como en entornos de festivales de música y romerías. También colaboran con la policía judicial en registros domiciliarios y realizan reconocimientos en los dos centros penitenciarios de la provincia.
La unidad está conformada por cuatro guías y ocho perros.
Tres de los canes están especializados en la detección de drogas, otros tres en explosivos, uno en armas y otro más en seguridad y rescate. Entre ellos hay pastores belgas Malinois, pastores alemanes, un labrador y la propia Kiara, que es de la variedad Tervueren.
La selección de un perro para este trabajo es rigurosa.
El cabo Vicente explica que “debe de tener un gran deseo por recuperar un objeto que le lance, perseguirlo rápidamente y morderlo a boca llena”. El adiestramiento, que puede durar cerca de un año, consiste en asociar olores específicos con una recompensa, generalmente una pelota.
El vínculo entre el guía y el perro es fundamental y se construye con la convivencia diaria, tanto dentro como fuera del servicio.
“Cuando ya empiezas con el entrenamiento, que está basado en juego y refuerzo positivo, pues ya sabe que tú eres el líder y todo este proceso, pues lo convierte en tu compañero”, detalla el cabo. Esta conexión se fortalece con los cuidados diarios, desde la alimentación hasta los paseos y el juego.
Recientemente, las actuaciones de la unidad han sido clave.
El cabo Vicente destaca a Peque, un pastor belga malinois que, tras un incendio en una vivienda en Tomelloso, detectó “un kilo y algo de hachís y 168 gramos de cocaína” a pesar de los fuertes olores. Este mismo perro también prestó servicio durante la “rave” de Albacete y localizó hachís a una visitante en la prisión de Herrera de la Mancha.
Por su parte, Soya, la única perra de la unidad especializada en armas, localizó una pistola durante un registro en Toledo.
La propia Kiara, junto a su guía, cuenta con experiencia internacional: “Estuvimos hace 2 años en los dispositivos de seguridad de los Juegos Olímpicos de París”, recuerda el agente sobre su misión con sede en Burdeos.
El bienestar físico y emocional de los animales es lo principal, asegura el guía, garantizando una alimentación de calidad, chequeos veterinarios y unas instalaciones adecuadas. Los perros suelen trabajar hasta los ocho o nueve años, aunque algunos, como otro de los canes del cabo, siguen operativos con 12 años.
Su presencia en espacios públicos no solo es operativa, sino que también actúa como un elemento de disuasión, generando una mayor sensación de tranquilidad en la población.












