
Tampoco el golpismo es lo que era
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El 29 de enero de 1981, Adolfo Suárez, en su discurso de dimisión como presidente del Gobierno, reconoció la realidad de las conspiraciones golpistas, equiparándolas a los graves problemas del país como el paro, la inflación y el terrorismo de ETA. Expresó su temor a que la democracia fuera, una vez más, un breve paréntesis en la historia de España.
Su renuncia no impidió el golpe de Estado del 23 de febrero, durante la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. Ahora, 45 años después, el Gobierno de Pedro Sánchez ha desclasificado documentos secretos sobre este episodio, reavivando los recuerdos de esa época.
El 23F en Valencia
El autor de este artículo vivió el 23F en Valencia, donde el capitán general Milans del Bosch tomó el poder, prohibiendo partidos y sindicatos, decretando el toque de queda y ocupando medios de comunicación, incluido el Diario de Valencia, donde trabajaba. El secuestro de la redacción se prolongó durante horas, incluso después del discurso del rey Juan Carlos condenando el golpe. La rendición de Milans se produjo tras una tensa confrontación con el general Caruana, quien actuaba bajo las órdenes del monarca.
Desde entonces, se ha sospechado que Juan Carlos I pudo haber dado alas a los militares sediciosos, quizás compartiendo la necesidad de un cambio de rumbo o no vetando las maniobras del general Armada. La contundencia de la acción de Tejero en el Congreso y el despliegue de tanques en Valencia pudieron haberle impulsado a oponerse al golpe, influenciado también por la experiencia negativa de su cuñado, el rey Constantino de Grecia, tras el golpe de los coroneles en 1967.
En la redacción del Diario de Valencia, el discurso del rey fue recibido con una ovación. El director del periódico, J.J. Pérez Benlloch, exigió al comandante de la tropa ocupante que se retirara, y ante su negativa, solicitó al jefe superior de Policía de Valencia, Rafael del Río, que enviara agentes para liberar la redacción. Los policías nacionales desalojaron a los soldados sin violencia.
El papel de Juan Carlos I
Aquella noche, Juan Carlos I fue el principal obstáculo para el golpe de Estado. Su designación por Franco le otorgaba una autoridad que los golpistas no podían ignorar. Su actuación fue agradecida por la España democrática durante décadas, construyéndose un relato oficial que legitimaba su figura política gracias al 23F. Sin embargo, se hizo la vista gorda ante informaciones sobre su vida privada y su gestión económica.
Su comportamiento acabó siendo tan controvertido que su propio hijo le pidió que abdicara y abandonara España. Con la desclasificación de los documentos del 23F, se espera que periodistas e historiadores puedan profundizar en su relación con el golpe.
La democracia en peligro
Volviendo a Suárez y su deseo de que la democracia no fuera un paréntesis, se puede afirmar que, aunque imperfecta y con rasgos del franquismo, es la más longeva de la historia de España.
Pero ninguna democracia es eterna. Aunque no se escuche el ruido de sables, existen otros sonidos inquietantes: togas partidistas, desinformación en los medios y el resurgimiento de movimientos fascistas. La ultraderecha parece haber aprendido que el poder no se toma con armas en el Parlamento, sino intoxicando las mentes a través de los medios y las redes sociales, para ganar las elecciones, como Trump en 2024 o Hitler en 1933.












