
El partido de extrema derecha de Alemania y su coqueteo con el legado nazi
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Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha en ascenso en las encuestas alemanas, se enfrenta al dilema de aceptar o rechazar a Hitler como antecesor ideológico. En lugar de una respuesta directa, ha optado por una ambigüedad estratégica, jugando con el legado nazi sin una adhesión explícita.
Esta ambigüedad permite a AfD provocar indignación al tiempo que mantiene la capacidad de negarlo todo, una táctica sorprendentemente efectiva.
El congreso en Erfurt: un guiño al pasado nazi
La última maniobra de AfD es la elección de Erfurt, capital del estado de Turingia, como sede de su próximo congreso los días 4 y 5 de julio. La fecha coincide con el centenario de un histórico mitin nazi celebrado en la misma región.
En julio de 1926, Adolf Hitler, aún lejos del poder, reunió a sus seguidores en Weimar, entonces capital de Turingia. Este encuentro, aunque menos conocido que los mítines de Núremberg, fue un hito importante en el ascenso del partido nazi.
Fue en Weimar donde las Juventudes Hitlerianas recibieron su nombre y donde se presentaron rituales nazis fundamentales, como el saludo hitleriano. Tras el fallido golpe de Estado de Hitler en 1923, Turingia fue uno de los primeros estados alemanes en levantar las sanciones al Partido Nazi, convirtiendo a Weimar en un refugio seguro y un campo de pruebas para las ideas nazis.
AfD niega conocer los acontecimientos, pero…
AfD afirma desconocer la relevancia histórica de la fecha y el lugar. Stefan Möller, portavoz del partido en Turingia, declaró que las comparaciones son una “instrumentalización forzada de la historia”.
Sin embargo, la declaración de Möller no incluyó ninguna expresión de indignación ni un intento de distanciar a AfD del partido de Hitler. La formación ultra parece haber anticipado la controversia y calculado que las críticas no dañarían su imagen.
Indignación pública y críticas generalizadas
La indignación no tardó en llegar. Los principales periódicos alemanes publicaron titulares condenando la decisión de AfD, y políticos e historiadores criticaron la maniobra.
Serap Güler, diputada de la CDU y secretaria de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, expresó su “asco por la indecencia de ese partido y el poco respeto que demuestra por nuestra historia”.
Güler señaló que la elección de la fecha no es casual y que AfD es consciente de su significado simbólico.
Turingia: un bastión de AfD
Turingia fue un santuario en los inicios del movimiento nazi y hoy es un bastión de AfD. A pesar de los esfuerzos de los partidos mayoritarios por aislar a la formación ultra, AfD fue el partido más votado en las elecciones estatales de 2024. Las encuestas actuales le otorgan un 38% de los votos en el estado.
Muchos creen que AfD podría lograr un avance decisivo este año. Hay cinco elecciones estatales previstas para 2026, y el partido aspira a la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt, estado vecino de Turingia. Un resultado así le permitiría gobernar en solitario uno de los 16 estados alemanes, con competencias descentralizadas clave como la educación y la policía.
Un legado ambiguo
Los nazis lograron su primer avance en Turingia. Weimar fue la sede del primer gobierno estatal en nombrar a un ministro nazi en 1930, tres años antes de que Hitler fuera elegido canciller. AfD no abraza explícitamente ese legado, pero tampoco lo rechaza con contundencia.
Señalar los coqueteos de AfD con el fascismo no ha servido para frenar su auge. Su líder en Turingia, Björn Höcke, ha sido multado en dos ocasiones por usar el lema nazi “Todo para Alemania”. Sin embargo, ni los seguidores del partido ni sus posibles votantes parecen preocupados.
Los votantes de AfD se dividen en dos categorías: un núcleo duro de seguidores ideológicos a los que no les importa la comparación con los nazis, y un grupo más amplio que ha comenzado a votar a AfD, frustrado con los partidos mayoritarios y con la situación económica y social.
La ambigüedad como estrategia
El historiador Jörg Ganzenmüller explica que la ambigüedad de AfD funciona en dos sentidos: manteniendo una “fachada de respetabilidad burguesa” y dejando implícito el radicalismo para atraer a otros votantes.
Si hay alguna lección que aprender de 1926 es que desenmascarar a la extrema derecha no tiene por qué afectar a sus posibilidades de éxito.
Los partidos radicales son síntomas de problemas sociales, económicos y políticos, no sus causas. El apoyo a AfD se concentra en zonas con profundas reivindicaciones políticas y problemas estructurales, como la antigua Alemania Oriental y las zonas en proceso de desindustrialización del valle del Ruhr.
Para debilitar a AfD, es necesario analizar qué le permite crecer y prosperar. No hay pruebas de que las comparaciones históricas reiteradas sean efectivas.
AfD no es el Partido Nazi, pero no teme revolcarse en su infamia. Para derrotarla de verdad, sus detractores deben ofrecer algo más que su condena.













