Ceder el paso te hace llegar antes a tu destino

Ceder el paso te hace llegar antes a tu destino
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Ceder el paso te hace llegar antes a tu destino

Los seres humanos somos paradójicos por naturaleza y la conducción es un fiel reflejo de nuestra forma de ser. Bajo la premisa de que “conducimos como somos”, el director de WaveDriving y experto en técnicas antiatascos, Oscar Melchor, ha desgranado, en el programa Luz de Cruce de COPE, una serie de curiosas paradojas que demuestran que muchas de las intuiciones que tenemos al volante son, en realidad, contraproducentes y empeoran la circulación.

Uno de los mitos más extendidos es creer que la construcción de nuevas infraestructuras es siempre la solución a la congestión. Sin embargo, la conocida como ‘Paradoja de Braess’, por el matemático alemán que la formuló, demuestra que añadir una nueva carretera a una red congestionada puede, sorprendentemente, empeorar el tráfico general.

Según explica Melchor, este fenómeno se produce por la combinación de dos factores clave. Por un lado, los conductores que ya usaban su vehículo particular cambian su ruta habitual para aprovechar la nueva carretera, que perciben como más rápida.

Por otro, ciudadanos que antes utilizaban el transporte público deciden empezar a usar el coche para beneficiarse de la nueva infraestructura.

El resultado es que la nueva vía se satura rápidamente y el atasco global aumenta, dejando además mermadas las arcas del ayuntamiento que ha realizado la inversión. El caso más paradigmático es el de Seúl, donde se demolió una autopista elevada de seis carriles y, contra todo pronóstico, el tráfico en la ciudad mejoró de forma notable.

Otro comportamiento paradójico es el que se conoce como ‘compensación del riesgo’. Este principio sostiene que, cuanto más seguro se siente un conductor gracias a la tecnología de su vehículo, más propenso es a asumir riesgos que no tomaría en otras circunstancias. Sistemas como el ABS, los airbags o los controles de tracción generan una falsa sensación de invulnerabilidad.

Esta confianza excesiva lleva a muchos conductores a “hacer trazadas o pisar el acelerador sin problemas porque van más seguros”, apunta el experto.

Al final, la seguridad que proporciona la innovación tecnológica es neutralizada por la propia conducta del usuario. Melchor cita dos ejemplos históricos muy claros: el aumento de accidentes en la NASCAR tras introducir un protector de cuello para los pilotos y el incremento de siniestros entre taxistas en Alemania cuando se popularizó el ABS.

En ambos casos, al sentirse más protegidos, los conductores llevaron sus vehículos más al límite, lo que provocó el efecto contrario al deseado. El riesgo que asumían era mayor porque la percepción del peligro había disminuido.

La próxima vez que se vea atrapado en una retención, recuerde esta afirmación de Melchor: “Nunca estamos en un atasco, siempre estamos construyendo un atasco”. Esta es la ‘paradoja de la víctima’, que refleja una tendencia psicológica muy humana: atribuirnos los éxitos (“he aprobado”) y culpar a factores externos de los fracasos (“me han suspendido”).

Desde esta perspectiva, el conductor no es un mero espectador pasivo que sufre la congestión, sino “un ladrillo más” que, junto a los demás vehículos, está creando activamente ese mismo atasco.

Asumir esta responsabilidad es el primer paso para poder cambiar la dinámica, especialmente en los atascos más comunes.

De hecho, el 80% de las congestiones son ‘atascos laborales’: se producen en los mismos lugares, a las mismas horas y con los mismos conductores. Son los más dañinos por su recurrencia, pero paradójicamente también serían los más sencillos de solucionar si las administraciones y los propios conductores se decidieran a cambiar sus hábitos y la gestión de las vías.

La cortesía: la estrategia más inteligente para llegar antes

La paradoja final es quizás la más reveladora y optimista. En contra de la creencia popular de que ser agresivo al volante permite ganar tiempo, la cooperación es una estrategia “matemáticamente ganadora”. Un estudio demostró que cuando los conductores actúan con cortesía y permiten las incorporaciones de forma fluida, la circulación es hasta 16 veces más eficiente.

Por tanto, ser amable no es una cuestión de altruismo, sino de pura inteligencia.

Ralentizar para facilitar una incorporación no solo beneficia al otro, sino que contribuye a que el sistema fluya mejor y, en última instancia, a que todos los conductores, incluido uno mismo, lleguen antes a su destino. Una lección que, como concluye Melchor, es perfectamente aplicable del tráfico a la sociedad en general.