
NUEVO TITULO: El jardín de los cerezos' florece con hondura en el Teatro Fernán Gómez
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La aclamada obra ‘El jardín de los cerezos’ de Anton Chéjov ha regresado a los escenarios madrileños, presentándose en el Teatro Fernán Gómez con una propuesta que busca resaltar la profundidad y complejidad de la pieza sin caer en montajes tediosos.
Un montaje que invita a la reflexión
Bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente y la adaptación de Ignacio García May, la obra se presenta con sus propios códigos y estética, mostrando a personajes atrapados entre dos mundos y dos tiempos. No se trata de un juicio sumario, sino de una exploración de sus texturas emocionales, contradicciones y debilidades.
La dirección y adaptación logran que la obra dialogue desde sus propios códigos y estética.
El montaje sitúa al espectador en la Rusia de finales del siglo XIX, no solo a través del vestuario y la ambientación musical, sino también en la dialéctica de amor y odio que históricamente ha caracterizado la relación de los rusos con su propio país. Se refleja una sociedad donde la decadencia de una aristocracia llena de prejuicios se enfrenta a una nueva clase social burguesa en ascenso.
La pérdida de un mundo
El 22 de agosto, no solo se subasta la casa de la infancia y el jardín de la memoria, sino también un tiempo y un paraíso que parece dar paso a un nuevo tiempo moderno regido por el dinero.
La obra plantea la búsqueda de una ayuda divina que ya no llega, quizás porque también ha sido abandonada.
Pérez de la Fuente y García May han creado un artefacto dramático ortodoxo e intenso, tan real que perturba y refleja un presente en el que los negocios, el poder y el dinero pueden sacrificar el amor.
Éxito escenográfico e interpretativo
El montaje destaca por su escenografía, iluminación y la naturalidad, el esperpento y la emoción presentes en cada una de las interpretaciones. El físico de los actores parece corresponder a la caracterización de los personajes.
La puesta en escena de ‘El jardín de los cerezos’ impresiona y conmueve, reafirmando la maestría de Pérez de la Fuente en cuanto a rigor, sabiduría y sensibilidad.













