¿Agua de mar para beber? Una nutricionista analiza sus beneficios y riesgos

¿Agua de mar para beber? Una nutricionista analiza sus beneficios y riesgos
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¿Agua de mar para beber? Una nutricionista analiza sus beneficios y riesgos

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En los últimos años, el agua de mar envasada ha ganado popularidad, promocionándose como un remedio para la salud con diversos beneficios, desde mejorar el sueño hasta favorecer la recuperación muscular. Sin embargo, la idea de beber agua de mar no es nueva, remontándose a principios del siglo XX con las teorías del fisiólogo francés René Quinton.

¿Moda pasajera o beneficio real?

La nutricionista Diana Donat Vargas aclara que no se trata de una simple moda ni de una solución milagrosa. Si bien existen estudios preliminares que sugieren efectos sobre la inflamación o parámetros inmunológicos, no se puede afirmar que sea un tratamiento para enfermedades.

El agua de mar: más que agua salada

El interés por el agua de mar radica en su rica composición: sodio, magnesio, potasio, calcio y numerosos oligoelementos como zinc, selenio o cromo. En total, se han identificado entre 70 y 80 elementos en distintas concentraciones, lo que la convierte en una solución compleja.

Las células del cuerpo humano viven en un líquido extracelular rico en electrolitos, similar en composición al agua de mar diluida. Para el correcto funcionamiento de las enzimas, la producción de energía, el sistema inmunitario y los procesos de desintoxicación, necesitamos micronutrientes y minerales. El agua de mar podría aportar minerales biodisponibles como el magnesio, esencial para reducir el cansancio, mantener el equilibrio electrolítico y favorecer el metabolismo energético.

Investigaciones sugieren que el consumo de agua derivada de mar profunda podría favorecer la recuperación tras ejercicios de resistencia. Sin embargo, Donat advierte que no existen suficientes estudios independientes y de gran tamaño para afirmar que adelgaza, desintoxica o actúa como antibacteriano de forma generalizada. Sus beneficios se explican principalmente por su contenido mineral, y se necesitan más investigaciones sólidas.

Si bien su consumo podría tener sentido como fuente complementaria de minerales, no sustituye una alimentación equilibrada ni debe considerarse un tratamiento médico. Su utilidad dependerá del contexto, la calidad del producto y las características individuales de cada persona.

¿Agua salada para hidratarnos?

El agua de mar contiene aproximadamente 35 gramos de sales por litro, una concentración elevada que equivale a más de dos cucharadas soperas. Unos 250 mililitros de agua de mar pura pueden aportar la cantidad total diaria recomendada de sal, por lo que no debe consumirse en su concentración natural en grandes cantidades. La Organización Mundial de la Salud recomienda menos de 5 gramos de sal al día.

La hidratación no depende solo del agua, sino del equilibrio de electrolitos. El sodio, en proporción adecuada, ayuda a retener líquidos y a restaurar el equilibrio osmótico. Por tanto, la clave está en cómo se consume. El agua de mar se usa diluida en agua mineral, convirtiéndose en una solución isotónica que remineraliza el agua que bebemos.

Consumir agua de mar sin diluir, en cantidades elevadas, podría producir el efecto contrario y generar desequilibrios. Bien tomada, puede ser una forma de devolver electrolitos y favorecer un perfil mineral más adecuado para la hidratación, pero de forma ocasional, ya que la OMS no aconseja su consumo regular por su alta concentración de sodio.

Calidad y seguridad: puntos clave

Es fundamental que el agua de mar proceda de zonas profundas y limpias, y que sea microfiltrada y esterilizada por laboratorios que garanticen la ausencia de contaminantes, microorganismos, metales pesados o microplásticos. Para que sea segura, se deben cumplir tres condiciones: procedencia controlada y tratamiento adecuado, consumo en forma diluida y control de la cantidad total de sal ingerida al día.

Algunas propuestas establecen un máximo de 100 mililitros al día de agua de mar pura, posteriormente diluida, considerando siempre la sal que ya aporta la alimentación. No todo el mundo puede tomar agua de mar sin supervisión, especialmente personas con patología renal, hipertensión mal controlada, problemas en el manejo del sodio o insuficiencia cardíaca.

En conclusión, el agua de mar no es peligrosa si está bien tratada, bien dosificada y se tiene en cuenta el conjunto de la dieta.