
¿Se come o no se come? El misterio de la piel blanca del fuet al descubierto
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El fuet, embutido originario de Cataluña, se ha convertido en un imprescindible de los aperitivos en España. Elaborado con carne de cerdo y especias, su proceso de curación le confiere un sabor característico, suave e incluso ligeramente dulce. Sin embargo, la capa blanca que lo recubre sigue generando debate: ¿es comestible o no?
¿Qué es esa capa blanca?
Contrario a la creencia popular, la piel blanca del fuet no es moho en mal estado, sino un hongo comestible del género Penicillium. Este moho natural se desarrolla durante el proceso de curación y cumple una función esencial: proteger el embutido y potenciar su sabor.
Según Albert Ribot, carnicero y charcutero, este recubrimiento actúa como una barrera natural contra microorganismos no deseados, manteniendo la humedad y la textura óptimas del fuet.
Además, contribuye a desarrollar el aroma y el sabor característicos de este embutido.
¿Es seguro comerla?
La respuesta es sí. El Penicillium presente en la superficie del fuet es un hongo seguro e inofensivo para la salud. Su presencia es, de hecho, una garantía de que el proceso de curación se ha llevado a cabo correctamente.
Por lo tanto, ingerir esta capa no representa ningún riesgo. Al contrario, contribuye de forma activa al aroma y sabor del fuet, así como de otros embutidos curados como la somalla o la longaniza de payés.
¿Prefieres retirarla?
Si, a pesar de todo, prefieres no comer la piel blanca del fuet, puedes retirarla fácilmente frotando el embutido con un paño seco.
Sin embargo, ten en cuenta que al hacerlo estarás renunciando a una parte importante de su sabor y aroma.
En definitiva, la capa blanca del fuet es un componente natural y beneficioso que contribuye a la calidad, el sabor y la textura de este popular embutido. No hay razón para desecharla, ¡disfruta del fuet en su totalidad!













