
Carnaval de Río: Más allá del Sambódromo, la esencia en los 'blocos'
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Tras la experiencia de ver el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl, una familia estadounidense viajó al carnaval de Río, donde presenciaron el desfile de las escuelas de samba. La fastuosidad de los carros alegóricos y los elaborados trajes contrastaron con la experiencia previa, haciendo que el show del Super Bowl pareciera “diminuto”.
En un mundo cada vez más alejado de los preceptos religiosos tradicionales, el carnaval se presenta como un espacio de libertad y exceso, en contraposición a la seriedad de las sociedades burguesas.
Aunque no es una celebración religiosa como las que se encuentran en comunidades indígenas de América, el carnaval ofrece la oportunidad de romper con la rutina y transformarse.
El espectáculo y la liberación
Si bien el desfile de las escuelas de samba en el Sambódromo es un espectáculo impresionante, controlado y posiblemente menos inclusivo de lo que aparenta, la verdadera esencia del carnaval reside en los ‘blocos’. Estas fiestas móviles, lideradas por bandas de samba, irrumpen en la vida cotidiana de la ciudad para celebrar la alegría y la transgresión.
Desafío y reconstitución
Los ‘blocos’ representan un desafío reconstitutivo, un triunfo de lo que usualmente se reprime en busca de una armonía convencional.
La gente se disfraza, se permite comportamientos inusuales, canta y baila a viva voz, disfrutando de los olores y fluidos corporales. Esta liberación, aunque pueda parecer caótica, es una expresión de la verdadera belleza, la que se encuentra en lo que se pudre y revienta.
Octavio Paz afirmaba que las fiestas populares derivan hacia la agresión porque implican una apertura violenta.
Sin embargo, esta conexión no se cumple necesariamente en Río. Un ‘bloco’ puede parecer simple, pero es un valeroso gesto de desafío y reconstitución: el triunfo de lo que usualmente se reprime.












