El fascinante mundo del curling: ciencia, estrategia y tradición en el hielo

El fascinante mundo del curling: ciencia, estrategia y tradición en el hielo
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El fascinante mundo del curling: ciencia, estrategia y tradición en el hielo

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El curling, un deporte que combina elementos de la petanca, los dardos y el ajedrez, cautiva a muchos durante los Juegos Olímpicos de Invierno. Detrás de su aparente simplicidad se esconde una gran complejidad científica, que influye tanto en el deslizamiento como en la trayectoria de las piedras.

Un deporte con raíces históricas

Contrario a lo que se podría pensar, el curling tiene una larga historia. Su origen se remonta a más de cinco siglos atrás, como lo demuestra una pintura de 1565 que representa una escena del juego. Además, se encontró una piedra grabada con la fecha de 1511, lo que lo convierte en uno de los deportes más antiguos que se conocen y que ha estado presente en las olimpiadas desde 1922.

Un “juego de caballeros”

Su origen ancestral ha marcado la cultura del curling, considerado tradicionalmente un “juego de caballeros”.

La honestidad es un pilar fundamental. Cada equipo lleva su propio tanteo, es obligatorio felicitar al rival por una buena jugada y el equipo ganador invita a la primera ronda de cervezas.

Un ejemplo de esta deportividad se vio en 2015 con el “escándalo de las escobas”. Se habían inventado escobas tecnológicamente avanzadas que alteraban tanto el hielo que permitían dirigir la piedra a pesar de un mal lanzamiento. Los propios jugadores acordaron no usarlas para preservar la esencia del juego, antes de que la federación interviniera.

La física detrás del “curl”

El nombre del deporte, “curling”, proviene de la palabra inglesa “curl” (rizo), que hace referencia a la curva que describe la piedra al ser lanzada.

El lanzador le imprime un ligero giro a la piedra de 20 kilos al soltarla, lo que provoca que la trayectoria se desvíe lateralmente. Este efecto es clave en la estrategia, pero también un problema de física que aún se investiga.

La curvatura de la trayectoria en el curling es contraria a la que se produciría en otras superficies. Mientras un vaso girando sobre una mesa se desvía en un sentido, la piedra de curling lo hace en el contrario. Existen tres hipótesis principales que, combinadas, intentan explicar este fenómeno.

La importancia del “pebbling”

Aunque se ha demostrado que la fricción de la piedra funde el hielo y genera pequeños arañazos que guían a la parte trasera, estos efectos no son suficientes para explicar la magnitud del giro.

La clave está en la superficie de la pista, que no es un hielo liso como el de patinaje.

La pista se prepara con una técnica llamada “pebbling”, que consiste en rociar agua destilada para crear una capa de pequeños granos de hielo. Esta superficie granulada reduce el rozamiento y permite un mayor deslizamiento. La hipótesis más reciente sugiere que la pesada piedra deforma estos granos al pasar, y al recuperar su forma, estos empujan la piedra, contribuyendo decisivamente a su giro.

El barrido: estrategia en movimiento

El curling es uno de los pocos deportes donde se puede modificar la jugada una vez ejecutado el lanzamiento. Aquí entra en acción el característico barrido.

Al barrer, los jugadores calientan el hielo por fricción, lo que funde la capa superior y crea una película de agua que reduce el rozamiento. Esto permite alargar el alcance del tiro y rectificar la trayectoria.

La influencia del barrido es significativa, pudiendo alargar hasta 3 metros el alcance de un lanzamiento o hacerlo más recto. La estrategia y la comunicación son vitales, y es el capitán del equipo quien da las instrucciones precisas en cada momento.

Materiales regulados para la igualdad

Para garantizar la igualdad de condiciones, el material está estrictamente regulado. Tanto las escobas como las piedras están homologadas.

Todas las piedras olímpicas, que cuestan entre 600 y 1.000 euros, proceden del mismo lugar: una cantera de granito de la isla escocesa de Ailsa Craig. Este material es resistente y duradero debido a su baja porosidad, que evita que el agua se filtre y lo fracture con la congelación.