
Nace la Universitat de la Butifarra para salvar un juego tradicional catalán
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En Centelles, Barcelona, ha surgido una iniciativa pionera: la Universitat de la Butifarra. Este proyecto busca proteger y transmitir el conocimiento del popular juego de cartas catalán, asegurando que las futuras generaciones no lo olviden.
El origen de la idea
Jordi Armengol, secretario de la Universitat, explica que la idea nació de una conversación informal en el casino del pueblo. La preocupación por la falta de interés de los jóvenes en el juego fue el principal impulsor. “Hay un problema cuando vas a muchos sitios y ves que los jóvenes no te explican cómo se juega”, señala Armengol.
Un juego en peligro de extinción
La butifarra enfrenta el desafío de ser percibida como un juego de personas mayores.
Joan Ros, un jugador veterano, recuerda con nostalgia cuando este juego era el centro de la vida social en los pueblos. Hoy, lamenta la competencia de los videojuegos y otras formas de ocio digital.
Ros recuerda que antes, el juego era la principal forma de entretenimiento y socialización, una costumbre que se aprendía casi por inercia. Ahora, la tecnología ha desplazado este juego tradicional.
Más que un pasatiempo
Quienes lo practican afirman que la butifarra es un potente ejercicio para el cerebro, destacando sus beneficios cognitivos. “No es solo diversión, sino que además estimula el cerebro.
Es como si fuera un taller de memoria”, asegura Ros.
Para ser un buen jugador, se requiere conocer bien las normas, tener buena compenetración con la pareja de juego y, por supuesto, algo de suerte. La estrategia y la comunicación son fundamentales.
Diversificando el alumnado
La Universitat de la Butifarra está diversificando su alumnado, abriendo cursos dirigidos a mujeres. Tradicionalmente, este ha sido un juego con una presencia mayoritariamente masculina, y la iniciativa busca romper esta barrera. “Es importantísimo que las mujeres también se impliquen en el juego y entiendan que es algo nuestro, que no podemos perder”, subraya Ros.
A las aulas del instituto
La estrategia más ambiciosa es llevar la butifarra a las aulas.
Joan Ros ha anunciado que antes de que termine el curso, irán al instituto a dar clases a los alumnos de primero de la ESO. Esta incursión en los centros educativos es la gran esperanza para enganchar a los más jóvenes y plantar la semilla para una nueva generación de jugadores.
Clases accesibles para todos
Las clases, que se imparten los sábados, combinan teoría y práctica, con el objetivo de ser accesibles para todos. La esperanza es que las aulas se llenen pronto de rostros jóvenes, asegurando que la butifarra se siga cantando en Cataluña durante muchos años más.













