
Trump contra Musk: Una Falsa Dialéctica entre el Rey Payaso y el Profeta Loco
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Cuando el payaso se corona rey, el palacio se convierte en un circo. La actual sobreinformación nos invita a bailar con frivolidad en medio de una guerra espiritual, observando la pantalla con la misma mirada dormida, ya sean archivos de Epstein o de OVNIs. Es la licuación de la realidad: cortinas de humo, estratagemas de distracción, viejos mitos en nuevas narrativas. Hemos vuelto a ignorar a los pensadores críticos, que ahora resultan aburridos comparados con un reel de Instagram o un short de TikTok.
Payasos y Bufones al Poder
No sorprende que hayamos puesto a payasos y bufones como presidentes y reyes. Donald Trump destaca, convirtiendo el apocalipsis en una serie mala de Netflix, una comedia histriónica sin gracia. Es el desmadre total como espectáculo final, un agente del caos y del nuevo desorden mundial, la vorágine necesaria antes del reseteo del sistema actual.
Trump es bufón, no tonto. Entendió cómo despertar las más bajas pasiones humanas en la era del algoritmo frío y del transhumanismo tecnológico, representado por Elon Musk. Para Trump, la falta de lógica, el absurdo, el capricho, el insulto y la amenaza son talentos y virtudes, armas de presión y seducción masiva. Se presenta con el maquillaje corrido de un clown trasnochado que no se quiere retirar. Es el bufón ricachón que delira, pero que todos deben aguantar en este gran circo mundial.
El Absurdo Dramático
Trump ya no busca solo el placer narcisista, la risa tonta y el dinero fácil. Ahora busca sorprender y humillar como forma de reconocimiento. Su obsesión por el Nobel de la Paz es sintomática. El payaso no sigue lo acordado, sino que va a contracorriente, incluso de algunas élites, asegurándose así el público más ferviente.
Al actuar como un bufón profesional con corona de rey, su poca gracia se vuelve ley. La realidad que nos venden en televisión y redes sociales parece un sketch de mal gusto. Sus palabras no son delirios, sino decretos, porque su papel pone voz a un símbolo colectivo, a un *egregor* inconsciente, a nuestra propia sombra. Lo oscuro y escondido de nuestra humanidad habla a través de este personaje patético y mezquino, un meme de un pez naranja con tupé en el avatar del hombre más poderoso del planeta.
La Ambición Aristocrática
Bajo el disfraz democrático de “hombre del pueblo americano” late la ambición de la aristocracia del dinero. Trump se mueve con la impunidad de un rey divino, con su nombre apareciendo más de 38.000 veces en los archivos de Epstein. No gestiona un país, sino que regenta un circo macabro, permitiéndose cualquier cosa por oscura que sea. Es el derecho divino del multimillonario leonino que se ha autocoronado: el estado soy yo, un nuevo dictador payaso. La tragedia actual es el cachondeo de este híbrido de rey malo y viejo payaso que ha devuelto la civilización a su estado más primitivo: el miedo y la risa banal.
El Trickster y el Funeral Colectivo
Trump ha devuelto la civilización a su estado más tribal, donde no importa la verdad, sino quién la tiene más grande. Es el *trickster* de los mitos antiguos, el espíritu del desorden y el caos que aparece cuando una civilización se ha vuelto cínica y desalmada, adorando ídolos. En la sala de espejos donde nos encontramos, Trump es el espejo negro donde el “Yo” colectivo refleja su sombra sin filtros. Al ceder nuestra soberanía y adorar a este Rey-Payaso, celebramos sin saberlo nuestro propio funeral.
Síntomas de un Sistema Moribundo
En la dialéctica entre Trump y Musk se ven los síntomas de la enfermedad del sistema actual. Trump encarna el caos caliente de las pasiones humanas descontroladas, y Musk es el abanderado del control tecnológico del algoritmo frío. Ambas estrategias buscan alejarnos de nuestro espíritu. En este falso dualismo, nos venden pan y circo mientras la casa se derrumba. Nos quieren apalancar: o morimos quemados por la ira tribal o congelados en un desierto de hielo digital. La dualidad arquetípica enfrenta al Rey Payaso (caos emocional, deseo e instinto) contra el Profeta Loco (orden algorítmico, control biotecnológico), manteniéndonos enganchados a una mala serie que llega a su final.
Una Dialéctica Aparente
Estas dos fuerzas simbólicas involutivas luchando por el alma humana son un decorado en un escenario a punto de derrumbarse. La dialéctica es aparente, buscando un caos premeditado para ofrecer un nuevo orden controlado, un Nuevo Orden Mundial enarbolando la bandera de “Paz y Seguridad” a cambio de nuestra soberanía, libertad y humanidad. La falsa dialéctica crea la ilusión de libertad ante la posibilidad de elegir bando cuando se está en un callejón sin salida. Mientras, la configuración de un Nuevo Orden Mundial avanza sin oposición. Es el “divide y vencerás” llevado a la metafísica de este sistema enfermo.
Conclusión: Sin Bando “Bueno”
Ambos bandos, la “estrategia caliente” de Trump (amenaza, insulto, ego descontrolado) y la “estrategia fría” de Musk (deshumanización digital, control biométrico), son las dos garras de una misma pinza: la que nos quiere tener sujetos. No hay bando “bueno”. El alma no tiene precio ni el espíritu humano es un algoritmo. En medio del espectáculo actual, celebro mis 50 años con esta autopsia de la enfermedad letal, a la par que testimonio de mi celebración vital.













