CUARENTA AÑOS EN ESPAÑA: UNA REFLEXIÓN PERSONAL

CUARENTA AÑOS EN ESPAÑA: UNA REFLEXIÓN PERSONAL
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CUARENTA AÑOS EN ESPAÑA: UNA REFLEXIÓN PERSONAL

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Hoy se cumplen cuatro décadas desde mi llegada a España, el 28 de febrero de 1986. Vine como corresponsal de un diario colombiano, con un conocimiento limitado del país. Recuerdo que la carta de acreditación a la Moncloa, dictada por el cónsul honorario en Barranquilla, iba dirigida a la “Secretaría de Estado de Comunicación. República de España”. Días después, recibí una aclaración informándome que España es un Reino.

Mi esposa ya estaba en Europa, inicialmente con la idea de instalarnos en París, pero Madrid la había cautivado. Cuando le comenté al maestro Germán Vargas mi opción de vivir en Madrid, él me advirtió: “¿Madrid? Eso es como Bogotá en los años cincuenta. La gente viste de negro y llueve todo el día. El único lugar donde se puede vivir en España es Barcelona”. Afortunadamente, don Germán estaba equivocado.

HUIR DE LA ASFIXIA COLOMBIANA

Tres meses antes de mi llegada, Colombia había vivido la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y su posterior retoma por el ejército, un episodio trágico con un centenar de muertos, incluyendo 11 magistrados de la Corte Suprema.

A pesar del ambiente convulso, publiqué un artículo criticando al Gobierno y a los mandos militares por su responsabilidad en la muerte de los juristas. Tras la publicación, un compañero me advirtió sobre posibles represalias. Aunque no sentí una amenaza directa, sí experimenté una sensación de asfixia ante el clima opresivo, especialmente para el ejercicio del periodismo. Decidí marcharme.

LA NACIONALIZACIÓN Y EL NOMBRE “CASTELLANIZADO”

Tras un tiempo trabajando en diversos medios españoles, en 1991 me nacionalicé. Juré lealtad al Rey y a la Corona. La sorpresa fue cuando el funcionario del Registro Civil me informó que debía “castellanizar” mi nombre, Marco, registrándome como Marcos. Como periodista, siempre había firmado con mi nombre original. La solución fue una apostilla que indicaba que Marcos Schwartz también respondía al nombre de Marco. Desde entonces, tengo una doble personalidad: Marcos en documentos oficiales y Marco en mi vida periodística.

Quizás cambiar mi apellido Schwartz por Suárez me habría evitado tener que deletrearlo constantemente.

LA EVOLUCIÓN DE LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA

En mis primeros años en España, la presencia de extranjeros era limitada. A partir del 2000, la inmigración se disparó, transformando las normas rígidas del registro civil. Hoy en día, nombres como Brahian o Darwin José se escriben con naturalidad, y solo se prohíben nombres “contrarios a la dignidad de la persona”.

Aunque he vivido algunos incidentes xenófobos, mi experiencia en España ha sido mayormente positiva. Sin duda, el ser blanco ha influido. Muchos inmigrantes con “pinta” de latinoamericanos sufren discriminación, y ni hablar de los magrebíes o subsaharianos. La tarea pendiente es facilitar la integración de los extranjeros, sin pruebas culturales triviales ni exigencias lingüísticas absurdas.

SENTIRSE ESPAÑOL

Ser español no ha sido para mí un “honor”, sino la manera de llevar una vida corriente en un lugar que me ha dado mucho y al que he aportado mucho. Es un lugar del que siento nostalgia cuando estoy fuera, donde conservo grandes amigos y donde mis nietos se asoman a un país que, a pesar de las críticas, funciona civilizadamente. Un país que algunos parecen empeñados en convertir en una organización tribal.