Así cayó el Atlantic, el hotel que Magaluf se tragó

Así cayó el Atlantic, el hotel que Magaluf se tragó
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Así cayó el Atlantic, el hotel que Magaluf se tragó

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En febrero de 1996, el Ayuntamiento de Calvià compró y demolió el primer hotel que se construyó en la zona turística más deteriorada de Mallorca. Aunque este edificio marcó el inicio del desarrollo costero, inicialmente se concibió como un alojamiento de alta calidad.

Un hito demolido: El fin de una era en Magaluf

Lorenzo Frau, fotógrafo, capturó el momento exacto en que 500 detonadores y 60 kilos de Goma-2 transformaron el Hotel Atlantic en una montaña de escombros. El 17 de febrero de 1996, un grupo de políticos aplaudió el fin de la estructura, marcando la desaparición del primer hotel de Magaluf.

Toni Pellicer, un residente local, recuerda que antes del hotel había una pineda donde los niños de Calvià jugaban. El Atlantic, inaugurado poco después del Playa de Palmanova en 1958, fue un punto de inflexión en la zona.

Pellicer, quien también fue concejal, participó en la decisión de comprar y demoler el hotel, que consideraban “obsoleto”. La inversión de 265 millones de pesetas permitió recuperar 6.500 metros cuadrados, transformados en una plaza. Según Pellicer, estas demoliciones buscaban “esponjar” las playas saturadas de cemento.

Tres décadas después, el Ayuntamiento de Calvià repitió la operación, demoliendo dos hoteles en desuso para crear aparcamiento y espacios públicos, aunque esta medida generó críticas por no destinarlos a alquiler social.

El Atlantic: Un “mamotreto” blanco en la arena

El impacto del Atlantic en el paisaje mediterráneo se describe en el libro *Magaluf, més enllà del mite* de Tomeu Canyelles y Gabriel Vives. Los historiadores narran cómo una costa virgen se transformó en el epicentro del turismo masivo, con sus *pub crawls*, *boat parties* y *balconing*.

Canyelles relata una anécdota tensa durante una visita guiada donde describieron el hotel como un “mamotreto blanco”. Algunos asistentes se sintieron insultados y abandonaron el tour, acusando a los historiadores de “turismofobia”.

Independientemente de la perspectiva, Calvià ilustra cómo los hoteles cambiaron la vida de la comunidad. La población creció con la llegada de trabajadores para los hoteles, y los oficios locales se adaptaron al turismo. Pellicer recuerda a su tío Joan y a Toni Barceló, quienes pasaron de construir casas a trabajar en los hoteles Playa de Palmanova y Atlantic.

Los jóvenes también se unieron al auge turístico. Pellicer comenzó a trabajar en el Hotel Playa de Palmanova a los catorce años, describiendo el turismo de los años sesenta como de “muchísima calidad”, principalmente británico y a través de Thomas Cook.

Yo tenía catorce o quince años cuando empecé a trabajar en el hotel Playa de Palmanova, que en aquel momento era de primera categoría B. Luego lo subieron a primera categoría A y, la verdad, en aquel momento, años sesenta, el turismo que venía a los primeros hoteles que tuvo Calvià era de muchísima calidad. Y, ya desde el principio, casi todo británico: particulares o a través del turoperador Thomas Cook

Toni Pellicer

Estas experiencias son tema recurrente en las conversaciones semanales de Pellicer con sus amigos de infancia, Mateu Palmer y Julià Verger, quienes también trabajaron en el Atlantic desde los catorce años. Verger recuerda las propinas generosas y el ambiente diferente de los hoteles de antaño.

“Recuerdo que me daban veinticinco pesetas de propina por llevar las maletas. Con ese dinero en el bolsillo, cuando volvía a Calvià tenía suficiente para invitar a todos mis amigos en el bar”, explica Verger. El personal era mayoritariamente mallorquín y los departamentos estaban bien diferenciados. El servicio de restaurante era a la mesa, con comida recién hecha y camareros que eran verdaderas personalidades.

Un hotel transformado: El declive de una época

A finales de los setenta, Verger regresó al Atlantic como jefe de recepción, encontrando un hotel muy diferente. La mayoría del personal era nuevo, hablaban castellano y no eran de Mallorca. Los turistas se servían en bufetes y los sueldos ya no eran tan generosos. Todo parecía más rápido y los gastos se controlaban más.

La competencia había aumentado y el neoliberalismo comenzaba a tomar fuerza. Verger observó una pérdida de elegancia y un cambio en el tipo de turismo.

“En esos años recortaron mucho el personal, algo que pasó en muchísimos hoteles”, dice Verger. “Se quería rentabilizar cada peseta y el tipo de turista que empezó a venir era a lo mejor de otra clase”. El modelo turístico de Magaluf había cambiado, con un turismo de menor calidad y problemas de seguridad que requerían la intervención constante de la policía.

El servicio que dábamos al principio era muy costoso de mantener. Está claro que Magaluf ha ido hacia otro modelo y, aunque creo que ahora hay cierta intención de arreglarlo, ha tenido un turismo muy malo. Durante años, la policía y la Guardia Civil no han dejado de actuar en esta zona por todos los problemas que se producían.
Es una pena

Julià Verger – Trabajador del hotel

El declive del modelo turístico influyó en la decadencia del Atlantic. Pellicer explica que la familia Guasp, propietaria del hotel, decidió venderlo debido a la falta de renovación y la competencia. Fernando Guasp, quien había estudiado gestión hotelera en Suiza, se había ido a dirigir otro negocio, y el hotel resintió su ausencia.