
LOS 5 POSTRES MÁS QUERIDOS DE LÍBANO
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Pocos placeres son tan universalmente apreciados como un buen postre. En el contexto de la repostería asiática, Líbano destaca por su rica tradición culinaria, profundamente arraigada en la cultura levantina. Sus dulces combinan frutos secos, sémola, agua de azahar y almíbares aromáticos con una técnica precisa y elegante. En Líbano, el postre trasciende su función de simple final de comida: es un componente esencial del ritual del café, de las largas sobremesas y de la hospitalidad.
Este recorrido por la repostería libanesa revela nombres familiares para cualquier viajero, como el knafeh, el maamoul o la baklava, dulces que han trascendido fronteras sin perder su identidad. A pesar de las divisiones regionales o confesionales, Líbano se mantiene unido por su refinada y generosa costumbre de ofrecer siempre algo dulce.
Knafeh
El knafeh es uno de los grandes símbolos de Líbano. Se elabora con queso suave cubierto por una capa de sémola o hilos crujientes, empapado en almíbar y aromatizado con azahar. Se sirve caliente y es un plato habitual incluso en desayunos especiales.
Maamoul
Los maamoul son galletas rellenas de dátiles, nueces o pistachos, con formas delicadamente decoradas. Son imprescindibles en las festividades religiosas y representan uno de los dulces más tradicionales del país.
Baklava Libanesa
La baklava libanesa es más ligera y menos densa que otras versiones regionales. Se compone de finas capas de masa filo rellenas de frutos secos y bañadas en almíbar aromático, convirtiéndose en uno de los dulces más exportados de Líbano.
Atayef
Los atayef son pequeñas tortitas rellenas de crema o frutos secos, que se sirven fritas o frescas y se bañan en almíbar. Son típicas del mes de Ramadán y gozan de gran popularidad en los mercados nocturnos.
Halawet el-jibn
Este postre se elabora con una masa elástica a base de queso y sémola, rellena de crema y bañada ligeramente en almíbar, con pistachos espolvoreados por encima. Es uno de los dulces más delicados y apreciados de Líbano.
Líbano demuestra que el postre puede ser sinónimo de elegancia. Sus dulces son testimonio de técnica, aroma y una cultura en la que el café siempre va acompañado de un bocado dulce. A veces, comprender un país comienza con un pequeño bocado cubierto de pistachos y azahar.













