
Daniel Lozakovich: "La imperfección es perfección
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El joven violinista Daniel Lozakovich, originario de Estocolmo (2001), irrumpió en el Auditorio de Oviedo con una peculiaridad: una cuerda rota en su Stradivarius. Sin embargo, lejos de mostrar preocupación, citó al “mejor pianista de todos los tiempos” para afirmar que “la imperfección es perfección”.
Un encuentro con el silencio y la música
Lozakovich, quien se presentará en el Auditorio Nacional bajo la dirección de Tarmo Peltokoski, valora profundamente el silencio. Afirma que “solo puedes escuchar el lenguaje del corazón en el silencio” y que este no es simplemente la ausencia de sonido, sino la comprensión de su razón de ser. Para él, la cultura es “corazón con corazón”, y el silencio es el maestro que revela esta conexión.
El violinista considera que la verdadera apreciación de la música no se mide por los aplausos, sino por el silencio atento del público.
Su misión, como músico, es crear algo auténtico, que exprese la verdad que el compositor deseaba transmitir. Cree que la música tiene el poder de “salvar”, de despertar sentimientos profundos y de impulsar a vivir con mayor sinceridad.
El amor al arte y el rol del artista
Lozakovich describe a un artista como alguien que comparte lo que ama, destacando que la singularidad reside en la forma en que cada persona expresa ese amor. Para él, el amor es la verdad que revela las mayores cualidades de nuestra existencia.
Considera que los artistas que creen en algo superior tienen un propósito claro: amar el arte en sí mismo, no a sí mismos a través del arte. Los compara con “soldados de la música”, dedicados a servir a su arte.
La búsqueda de la libertad en la música
Al subir al escenario, Lozakovich se despoja de toda expectativa, enfocado en su misión de servir a la música.
Explica que, en ese momento, se olvida de sí mismo y del tiempo, buscando un propósito superior. Utiliza la analogía de una pintura de Rembrandt, que invita a la reflexión y al sueño, trascendiendo los problemas personales.
Para Lozakovich, el deseo de libertad está presente en cada individuo, como se manifiesta en la obra de David Lynch. El compositor, de alguna manera, toma prestado el corazón del intérprete para expresar su mensaje.
La Virgen María como símbolo de libertad
El violinista encuentra en la figura de la Virgen María un ejemplo de libertad en la música.
A pesar de que nadie conoce su apariencia real, innumerables artistas la han representado, creando un “ícono inmortal”. De manera similar, las obras musicales son un simbolismo atemporal que captura cualidades invisibles y divinas.
Superar los límites y creer en algo más grande
Lozakovich cree que los límites son la “muerte en la música” y que los verdaderos músicos deben buscar romperlos constantemente. En su estuche, guarda estampas de santos, reflejo de su fe. Afirma que la creación artística acerca al creador y que esta necesidad de crear es esencial para el crecimiento del alma.
Encuentra en la fe en Dios su mayor fuente de sanación, fuerza y propósito, considerando la música como el camino más cercano a lo divino.












