¿Tienes 50? Los olvidados del debate generacional

¿Tienes 50? Los olvidados del debate generacional
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¿Tienes 50? Los olvidados del debate generacional

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Pensemos en un ciudadano de 50 años. Es probable que esté cuidando tanto de sus hijos como de sus padres, consciente de sueños incumplidos, con los primeros achaques de salud y con más de un lustro por delante para la jubilación, temiendo ser parte de la primera generación sin pensión.

Si ha pasado por un divorcio, quizás deba compartir piso nuevamente. Si está en paro, se prepara para no reincorporarse al mercado laboral o hacerlo en condiciones precarias: más del 35% de los mayores de 50 años tiene un contrato temporal, un porcentaje mayor que entre los jóvenes. Algunos incluso preparan oposiciones, cuya presencia en academias se ha cuadruplicado desde 2019, pasando del 5% al 18% en 2025. Aprobar una oposición se ha convertido en un salvavidas ante la precariedad laboral en un sector privado obsesionado con la juventud y la IA.

El silencio de una generación

Todos estos problemas los sufre en silencio, pues de esta generación no se habla. No reciben la atención de tertulias ni libros. El protagonismo se lo llevan los boomers y los jóvenes que se radicalizan. A los 50, uno no es ni jubilado ni facha, sino el olvidado de las políticas públicas: sin ayudas para vivienda, cheques culturales o transporte público gratuito.

Una encuesta reciente en 30 países revela que el 31% de la generación X, los que rondan los 50, se declaran “no muy felices” o “no contentos en absoluto”, un porcentaje superior a otras generaciones. En el auge de sus carreras, sufrieron la crisis financiera de 2008, pero se asume que solo a los treintañeros les afecta la crisis del Estado del bienestar. Muchos cincuentones envidian tener 30 para poder quejarse de la desaparición de la clase media y culpar a sus padres, en lugar de acompañarlos al médico.

Vivienda: un símbolo de agravio

No hablemos de la propiedad de la vivienda, símbolo de agravios intergeneracionales. Aunque no todos los boomers tienen múltiples casas ni todos los jóvenes viven en zulos caros, los estudios indican que uno de 50 tiene casi las mismas posibilidades de poseer una vivienda que uno de 30, ya que la disminución en las tasas de propiedad se produjo precisamente en esa generación.

Algunos son propietarios a medias con su pareja, otros viven de alquiler con dificultades crecientes para pagarlo. ¿Se acuerda alguien de ellos cuando se habla de vivienda protegida?

Un debate que oculta la desigualdad

El debate generacional es una trampa que acalla problemas de desigualdad, deterioro del estado del bienestar, auge del individualismo y la codicia que arruina el futuro de la mayoría. Si vamos a tener este debate, recordemos a los que hoy rondan los 50: ni jóvenes ni viejos, ni boomers ni zetas, ni grandes tenedores de vivienda ni destinatarios de promesas electorales para jóvenes.

Es la generación más afectada por el edadismo y la que observa con mayor preocupación el auge del fascismo. Al menos, que alguien les dedique un libro.