La degradación de los bosques españoles: de ecosistemas diversos a plantaciones uniformes

La degradación de los bosques españoles: de ecosistemas diversos a plantaciones uniformes
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

La degradación de los bosques españoles: de ecosistemas diversos a plantaciones uniformes

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Los bosques en España están transformándose rápidamente en plantaciones, perdiendo biodiversidad y su capacidad para almacenar carbono y resistir incendios. Esta degradación se debe a la expansión de especies exóticas en detrimento de los árboles autóctonos.

Un reciente estudio internacional, con participación del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf-CSIC), advierte sobre la homogeneización y el debilitamiento de los ecosistemas forestales a nivel mundial. Esta homogeneización se manifiesta en extensas áreas dominadas por árboles de la misma especie y edad, producto de plantaciones para la obtención de madera o repoblaciones.

La investigación, que analizó más de 31.000 variedades de árboles, reveló una disminución en la diversidad de especies. Según los investigadores, ciertas especies “velocistas” están ganando terreno en todo el mundo. En la península ibérica, estas especies invasoras son principalmente pinos, acacias, eucaliptos y ailantos.

La gestión forestal histórica favorece la expansión de especies invasoras

Josep Peñuelas, ecólogo e investigador del Creaf, señala que la gestión forestal histórica ha favorecido estas especies de rápido crecimiento para la producción de madera o la repoblación de áreas incendiadas, lo que está provocando la pérdida de la “columna vertebral de los ecosistemas”. Las especies nativas, de crecimiento más lento y madera densa, están siendo reemplazadas por variedades oportunistas y generalistas, lo que resulta en bosques más uniformes y vulnerables al cambio climático.

Esta situación es especialmente preocupante considerando la importancia de los bosques para mitigar el calentamiento global.

La realidad se refleja en los megaincendios forestales, exacerbados por el cambio climático, que han afectado al país en los últimos años.

Las especies invasoras, con madera poco densa y hojas pequeñas, crecen rápidamente y colonizan terrenos degradados y quemados, impidiendo el establecimiento de especies nativas como el roble o la encina.

Según Peñuelas, el factor humano también juega un papel crucial. La gestión forestal histórica ha priorizado las especies de rápido crecimiento para la producción de madera y la repoblación, lo que ha contribuido a la expansión de estas especies.

En el caso ibérico, la búsqueda de rentabilidad económica en las masas forestales y la expansión de plantas ornamentales han sido factores clave en este problema.

Las especies “velocistas” en España

El ailanto, incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, altera el funcionamiento del ecosistema forestal, inhibiendo el crecimiento de otras especies y desplazando la vegetación natural. Llegó a los ecosistemas como planta de jardín.

Varias variedades de acacias también figuran en el catálogo de invasoras, impidiendo el brote de la vegetación autóctona. Originarias de Australia, fueron introducidas como plantas ornamentales y se han naturalizado en varias áreas españolas.

El eucalipto, considerado una especie invasora por el Comité Científico del Gobierno, no ha sido incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras debido a su importancia económica.

Los pinos, utilizados durante décadas para la repoblación forestal, han generado paisajes con alta carga de combustible, incrementando la intensidad de los incendios. Estas masas forestales registran incendios más severos y una recuperación menor que otros tipos de vegetación.

La homogeneización representa un duro golpe para la naturaleza en España, dada su alta biodiversidad. A diferencia de los bosques del centro y norte de Europa, los bosques mediterráneos albergan hasta cien especies distintas de árboles.

Más fuego, menos carbono

Las consecuencias de la pérdida de biodiversidad son negativas en muchos aspectos. Existe un mayor riesgo de incendios, ya que especies como los pinos y eucaliptos son más inflamables y generan estructuras de bosques más propensas al fuego que los robledales o los encinares maduros.

No se trata de “demonizar a los pinos”, sino de no favorecerlos donde no conviene y optar por una gestión menos productiva y más restaurativa.

Un análisis científico del Joint Research Center (JRC) de 2023 concluyó que los bosques primarios y maduros son menos propensos al riesgo de incendios que los bosques modificados por los humanos. Los bosques maduros se caracterizan por su diversidad de especies y la presencia de árboles grandes con madera gruesa.

La expansión de especies de rápido crecimiento provoca que los ecosistemas se vuelvan más vulnerables y absorban menos carbono. Los árboles de madera ligera y vida corta almacenan menos carbono a largo plazo que los bosques maduros de madera dura, lo que dificulta la lucha contra el cambio climático.

Cuanto menos CO2 absorben las plantas, más gas permanece en la atmósfera, intensificando el efecto invernadero y la crisis climática.

Los investigadores abogan por frenar la llegada e implantación de las especies invasoras, siendo las plantas el grupo más numeroso en España. Su erradicación es difícil y costosa.

Peñuelas también propone promover las especies lentas en reforestaciones y planes de gestión, priorizando la plantación y protección de especies nativas de madera densa como los robles, las encinas y las hayas. Además, sugiere reducir la competencia por la luz y el agua, permitiendo el crecimiento de las especies nativas del sotobosque.

Estas medidas, que priorizan las especies lentas y el sotobosque, contrastan con el discurso generalizado sobre “limpiar” el bosque y hacerlo rentable, pero son esenciales para salvar los bosques de convertirse en simples plantaciones.