LA ARTIVOLUCIÓN: ¿PODRÍAMOS CREAR VIDA POR ENCARGO?

LA ARTIVOLUCIÓN: ¿PODRÍAMOS CREAR VIDA POR ENCARGO?
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LA ARTIVOLUCIÓN: ¿PODRÍAMOS CREAR VIDA POR ENCARGO?

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La posibilidad de crear vida “a la carta” ya no es ciencia ficción. La llamada **artivolución** plantea la creación de organismos diseñados para fines específicos, lo que suscita importantes cuestiones éticas sobre el futuro de la evolución y el papel de la humanidad en ella.

Este concepto va más allá de la simple modificación genética y apunta a la construcción de genomas completos con objetivos predefinidos. La controversia surge cuando esta capacidad se convierte en una realidad técnica, planteando la necesidad de decidir qué rasgos deben existir y cuáles no.

Adrian Woolfson y la evolución guiada por humanos y máquinas

Según el libro “El futuro de las especies. Genómica sintética, inteligencia artificial y la reinvención de la vida” del investigador británico Adrian Woolfson, la biología se encuentra en un punto de inflexión al combinar la genómica sintética y la inteligencia artificial. Woolfson argumenta que la evolución natural podría complementarse con una **evolución deliberadamente guiada por humanos y máquinas**.

Su análisis se basa en el estado actual de la biología molecular y las herramientas informáticas capaces de procesar grandes cantidades de datos genéticos. El dominio del código genético permitiría, según Woolfson, pasar de la simple lectura del ADN a su completa escritura.

La **artivolución**, o evolución artificial orientada a objetivos concretos, se presenta como una posibilidad real. Woolfson señala que ya se han sintetizado genomas completos de virus, bacterias y levaduras, y que la creación de organismos más complejos depende del tiempo y la capacidad de cálculo.

Entre las aplicaciones potenciales, se mencionan bacterias capaces de capturar carbono o producir biomateriales, así como la **resurrección de especies extintas** como el mamut lanudo o el dodo.

Sin embargo, Woolfson advierte que “la misma tecnología que permite curar también puede alterar la naturaleza humana”. La capacidad de diseñar especies no se limita a otros seres vivos, ya que muchas enfermedades humanas dependen de múltiples variantes genéticas y podrían requerir la reescritura completa del genoma.

El Proyecto Genoma Humano y la comprensión del ADN

Woolfson repasa la historia reciente de la biología para contextualizar su propuesta. Destaca la figura de Sydney Brenner, participante en el desciframiento del código genético, y el **Proyecto Genoma Humano** como hitos importantes. Sin embargo, la secuenciación de un genoma no garantizó su completa comprensión. El descubrimiento de que los humanos tienen alrededor de 20.000 genes codificantes, menos de lo esperado, llevó a reevaluar el papel de las regiones no codificantes, antes consideradas “basura” genética.

El autor destaca que los genomas pueden leerse como textos formados por las letras A, C, G y T, que contienen instrucciones químicas. Con el apoyo de modelos de aprendizaje automático, se busca identificar patrones ocultos en estas secuencias.

Woolfson compara los genomas con textos y subraya que el reto reside en comprender su sintaxis, es decir, las reglas que transforman una secuencia lineal en un organismo con forma y funciones específicas. La capacidad de análisis masivo abre la puerta a una intervención más amplia.

En este contexto surge la **inteligencia biológica artificial (ABI)**, definida como la capacidad de predecir, generar y activar cualquier genoma posible. Woolfson la compara con el papel de Alan Turing y John von Neumann en el nacimiento de la computación moderna.

Aunque la célula se interpreta como una computadora molecular que ejecuta programas genéticos, Woolfson reconoce que los sistemas biológicos mutan y responden al entorno de forma probabilística, lo que impide que funcionen como circuitos cerrados.

Implicaciones éticas y regulatorias

Woolfson dedica los últimos capítulos de su libro a las consecuencias de aplicar la artivolución en ecosistemas complejos. La introducción de organismos diseñados podría alterar equilibrios preexistentes, lo que exige un debate público amplio y marcos regulatorios sólidos.

Si la vía artificial se consolida, la selección natural dejaría de ser la única fuente de biodiversidad y el catálogo de especies podría ampliarse con organismos creados con intenciones específicas. Este escenario plantea la necesidad de **establecer criterios claros y asignar responsabilidades** cuando la vida deje de evolucionar únicamente por azar y pase a depender también de decisiones humanas.