La guerra olvidada de Sudán: una catástrofe humanitaria al borde del colapso

La guerra olvidada de Sudán: una catástrofe humanitaria al borde del colapso
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La guerra olvidada de Sudán: una catástrofe humanitaria al borde del colapso

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La guerra en Sudán, que ya supera los dos años, ha sumido al país en una profunda crisis humanitaria, con el colapso de servicios básicos y una violencia generalizada que afecta especialmente a los niños.

Ali, un niño de 13 años, perdió una pierna al explotarle un proyectil mientras jugaba al fútbol. Su hermano Nour, de nueve, sufrió una lesión medular que le provocó paraplejia. Su madre inició un difícil viaje por varias ciudades en busca de atención médica para sus hijos, en un país donde la guerra ha devastado hospitales e infraestructuras.

Como esta, hay innumerables historias similares en Sudán, un país que, eclipsado por otros conflictos, lucha por no desaparecer de la atención mediática internacional. Mientras tanto, las señales de una catástrofe se acumulan: violencia generalizada, desplazamientos masivos, brotes de cólera y hambruna confirmada en varias regiones.

Una guerra que se agrava

El conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) se ha intensificado, transformando el país en una catástrofe humanitaria. La captura de Al Fasher por las RSF marcó un punto de inflexión, expulsando al ejército de vastas zonas y fragmentando aún más el control territorial.

La toma de Al Fasher y las ofensivas en otras regiones han sido acompañadas de atrocidades generalizadas, incluyendo masacres de civiles y violencia sexual. Una misión de la ONU ha alertado sobre “indicios de genocidio” contra comunidades no árabes, con asesinatos masivos y violencia sistemática que podrían reflejar una intención genocida por parte de la milicia.

“La mayor crisis humanitaria del planeta”

“La mayor crisis humanitaria del planeta” es una descripción que se ajusta a la realidad sobre el terreno, según Francesco Lanino, subdirector de Programas y Operaciones de Save the Children en Sudán. “Es una combinación devastadora de guerra activa, desplazamientos masivos y colapso casi total de servicios básicos”, añade.

Lanino describe asentamientos improvisados, niños desnutridos y familias que dependen completamente de la ayuda humanitaria. “Esta crisis no se está estabilizando. Está empeorando”, insiste.

Más de 15 millones de niños y niñas necesitan ayuda urgente, casi seis millones han sido desarraigados de sus hogares y más de 10 millones están expuestos a la violencia. Además, el 70% de los hospitales en zonas de conflicto han cerrado y 13 millones de menores no pueden asistir a las aulas.

El silencio como multiplicador del daño

Shiroug, una doctora sudanesa, expresa su frustración por la escasa atención mediática que recibe la guerra. “Al principio había poca cobertura y, cuando llegó, ya era tarde”, explica. “Sudán no es tanto un conflicto olvidado, sino más bien un conflicto ignorado”, añade Mohamed Amro, presidente de Casa de Sudán.

Lamino coincide con este diagnóstico y apunta a la complejidad del conflicto, con múltiples actores armados, frentes cambiantes y acceso muy limitado para periodistas y observadores internacionales. “Pero el sufrimiento no desaparece porque no esté en los titulares, simplemente se vuelve más silencioso y peligroso”, advierte.

Ese silencio tiene consecuencias medibles: “Muchas familias nos dicen que sienten que el mundo se ha olvidado de ellas. Ese sentimiento tiene consecuencias reales. Menos presión diplomática, menos recursos y menos protección para la protección civil”, insiste Lanino.

Darfur y la violencia dirigida

En algunas regiones del país, especialmente en Darfur, se habla abiertamente de limpieza étnica y genocidio. Testimonios consistentes de ataques contra civiles, violencia dirigida a comunidades concretas, destrucción de viviendas y desplazamientos forzados son patrones preocupantes. “Cuando ves que la gente huye no solo de combates, sino porque siente que está siendo perseguida por su identidad, es una señal extremadamente preocupante”, dice Lanino.

La importancia de la ayuda humanitaria

En muchas zonas de Sudán, las organizaciones humanitarias como Save the Children se han convertido en una de las pocas estructuras operativas que quedan. No se trata solamente de repartir ayuda, sino también de sostener “sistemas mínimos” donde ya no existen.

Save the Children trabaja en 13 de los 18 estados de Sudán, con 15 oficinas y más de 450 empleados. Su acción abarca salud, nutrición, agua y saneamiento, protección infantil, seguridad alimentaria y educación. Sin embargo, la propia entidad subraya el límite de su alcance. “No podemos sustituir a un Estado ni garantizar seguridad. Podemos salvar vidas y reducir riesgos, pero la protección real requiere que cesen los ataques contra civiles, que se respete el derecho internacional humanitario y que haya voluntad política para estabilizar el país”, cuenta Lanino.

Si las ONG se retiraran de Sudán, las consecuencias serían inmediatas y muy graves. La ayuda es la principal y a veces la única fuente de alimentos, agua potable, atención sanitaria básica y protección infantil. Sin apoyo, las familias se verían obligadas a reducir aún más las comidas, asumir riesgos extremos o recurrir a estrategias negativas como el trabajo infantil.

Obstáculos, falta de respuesta y urgencia

Sostener la última línea humanitaria implica operar entre combates activos, cambios en el control territorial, bloqueos administrativos y logísticos, carreteras inseguras y permisos que se retrasan. A ello se suma una “falta de financiación sin precedentes” y una “falta crítica de acceso humanitario”.

Lanino considera que la respuesta internacional “no está a la altura”. Las necesidades están creciendo rápidamente, pero los recursos no aumentan al mismo ritmo. Es fundamental garantizar un acceso humanitario “seguro, sostenido y predecible”, medidas reales de protección de civiles e infraestructuras esenciales y financiación suficiente. De lo contrario, la crisis seguirá profundizándose y marcará a toda una generación.