
LA BRECHA DE GÉNERO CARDIOVASCULAR: LO QUE TODAS LAS MUJERES DEBERÍAN SABER SOBRE LA SALUD DE SU CORAZÓN
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Los infartos y los ictus son las principales causas de muerte tanto en hombres como en mujeres, pero ellas enfrentan diferencias significativas en el diagnóstico y el tratamiento. A pesar de que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte a nivel mundial, afectando de manera diferente a hombres y mujeres, existe una percepción errónea que perjudica especialmente a las mujeres.
Las enfermedades cardiovasculares en las mujeres
Existe una persistente percepción de que los infartos e ictus son dolencias masculinas. Según datos de la Sociedad Española de Cardiología, una gran mayoría de la población desconoce que estas enfermedades son la principal causa de muerte en mujeres. En Europa, representan aproximadamente el 37% de los fallecimientos en mujeres mayores de 65 años, superando el 32% en hombres y duplicando las muertes por todos los tipos de cáncer combinados, incluido el de mama.
La cardióloga Leticia Fernández Friera, del Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares (CIEC) de HM, señala que esta situación se debe a factores culturales y a una menor percepción del riesgo cardiovascular en las mujeres, tanto por parte de ellas mismas como de los profesionales de la salud.
Una de las razones de esta disparidad radica en la diferencia en cómo se manifiestan los síntomas de un accidente vascular entre hombres y mujeres.
Si bien el dolor torácico opresivo es el síntoma más común en ambos sexos durante un infarto, las mujeres pueden experimentar otros síntomas que a menudo no identifican como señales de alerta. Además, tienden a tardar más en buscar atención médica en comparación con los hombres ante el mismo tipo de dolor torácico.
Es un tema de cultura, además que la propia mujer y los profesionales tienen una baja percepción del riesgo cardiovascular de la mujer, a pesar de toda la evidencia.
En las mujeres, las enfermedades cardiovasculares pueden presentarse con síntomas atípicos como fatiga extrema, náuseas, dificultades respiratorias y dolor en la mandíbula o la espalda, lo que puede retrasar el diagnóstico oportuno.
Este fenómeno ha sido denominado “síndrome de Yentl”, en referencia a la película en la que una mujer se hace pasar por hombre. Este término describe la infradetección y el tratamiento inadecuado de las enfermedades cardiovasculares en mujeres, quienes a menudo reciben menos atención médica si sus síntomas no se ajustan al estándar masculino.
Estas diferencias se basan en factores fisiológicos, como el menor tamaño del corazón y las arterias coronarias en las mujeres, la disminución de la protección hormonal de los estrógenos tras la menopausia y una mayor propensión a sufrir angina microvascular.
Las enfermedades cardiovasculares se manifiestan de forma distinta, presentándose en mujeres signos atípicos como fatiga extrema, náuseas, dificultades respiratorias y dolor en la mandíbula o espalda, lo que suele retrasar su diagnóstico.
Irene López Ferreruela, investigadora del grupo GRISSA del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS), destaca que los síntomas que presentan las mujeres, como malestar general, ahogo y fatiga, a menudo se asocian erróneamente con problemas psicológicos o ansiedad, retrasando el diagnóstico de un infarto.
En términos de prevención, las mujeres tienden a no priorizar el cuidado de su salud cardiovascular tanto como lo hacen con otras enfermedades, como el cáncer. Esto se traduce en un menor control de factores de riesgo como la hipertensión, el sobrepeso, el colesterol o la diabetes en edades tempranas.
La doctora Fernández aboga por una detección temprana y personalizada del riesgo cardiovascular en las mujeres, que incluya la evaluación de factores de riesgo específicos, antecedentes familiares y factores femeninos como la preeclampsia o la menopausia precoz. Además, sugiere la inclusión de pruebas de imagen para identificar la enfermedad en etapas tempranas.
Las mujeres tienen un cuadro que normalmente ha pasado desapercibido, una sensación de malestar general, ahogo, fatiga. Se asocia a algo psicológico, a un problema de ansiedad, aunque luego se confirme que sí, que era un infarto.
La menopausia también representa un punto de inflexión crítico en la salud cardiovascular femenina, ya que la disminución de los estrógenos conlleva un aumento del colesterol “malo” LDL y un mayor riesgo de inflamación y trombos.
Las diferencias en el tratamiento para las mujeres
La brecha de género también se manifiesta en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. En España, los infartos son más comunes en hombres, mientras que los ictus prevalecen en mujeres, según datos del Ministerio de Sanidad.
En general, un porcentaje importante de pacientes fallece antes de llegar al hospital, y aquellos que sobreviven a menudo reciben tratamientos diferentes según su género.
A pesar de que las guías clínicas no ofrecen recomendaciones diferenciadas por género, se ha observado que los hombres reciben con mayor rigurosidad los tratamientos de primera línea, como antiagregantes plaquetarios, fármacos hipolipemiantes y medicamentos para controlar la tensión arterial.
Además, las mujeres son derivadas con menor frecuencia a especialistas y programas de rehabilitación cardíaca, y tienen menos probabilidades de asistir a estos programas incluso cuando son derivadas. Factores sociales como la edad, las comorbilidades y el nivel socioeconómico pueden influir en esta disparidad.
La doctora Fernández lidera el estudio WAKE UP, una iniciativa española que utiliza ecografías vasculares para visualizar placas de aterosclerosis y promover cambios en el estilo de vida de mujeres con factores de riesgo. La concienciación es clave para eliminar este sesgo, y es fundamental que tanto las mujeres como los profesionales de la salud tomen un papel activo en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.













